SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA
El lío de las pelotas
Las trágicas muertes de inmigrantes en su intento por alcanzar territorio español han provocado un gran debate político y social respecto a las medidas empleadas por la Guardia Civil en su cometido de proteger nuestras fronteras. Se ha cuestionado la utilización de algunas tácticas y utilización de medios como las pelotas de goma.
El Ministerio del Interior ha dado las explicaciones oportunas y la Guardia Civil ha facilitado toda la información de que dispone. Yo creo en la Guardia Civil por convicción, porque han demostrado históricamente que ponerse un tricornio y su traje verde es sinónimo de hacer valer su principal divisa que es el honor y el servicio a los demás.
Es muy penoso que inmigrantes pierdan su vida intentado precisamente cambiarla y salir de la pobreza. Estoy seguro que todos y cada uno de los guardias civiles que están para protegernos y tienen que cumplir con su misión intentando impedir las penetraciones en las fronteras de las dos ciudades autónomas, quisieran ayudarles a cumplir su sueño. Esto se debe a que son humanos y quizás más sensibles a esta problemática, porque conviven más directamente con ella que el resto de nosotros quienes nos sentimos seguros en la Península gracias a ellos.
Conozco personalmente a algunos de los que velan por la seguridad en Ceuta, he visto la frontera, su fragilidad, la preocupación de los ceutíes por su seguridad no originada precisamente por los inmigrantes, sino por todo el flujo de delitos que el entorno fronterizo provoca.
Ceuta es una miscelánea de razas y culturas, he tenido la ocasión en un mismo día de charlar con un Rabino, comprar en la tienda de un musulmán y compartir mesa con cristianos. Ceuta acoge a todos, es su esencia, es lugar para inmigrantes. Pero no tiene capacidad para acoger a todos los que quisiera.
El lío de las pelotas no es una causa, es una consecuencia y quizás aquí habría que centrar el debate. Los inmigrantes que intentan saltar las vallas son víctimas de mafias que los extorsionan y engañan utilizando sus sueños y legítimas aspiraciones en beneficio de sus intereses económicos.
Sin ningún tipo de escrúpulos las mismas mafias que siembran el terror en los países subsaharianos, controlan las rutas de inmigración hacia el norte. Países donde no existe el Estado, donde grupos armados se turnan para hacerse con el poder en una sucesión inacabada de conflictos armados.
Cierto es que el mundo llamado desarrollado tiene mucha responsabilidad en la situación africana, pero también se debe tener en cuenta la corresponsabilidad de muchos gobernantes africanos. La corrupción, el carácter tribal que conlleva al racismo entre los propios africanos no ayudan precisamente a consolidar un Estado de bienestar en el Sahel.
África es en palabras de algunos líderes africanos visionarios, la nueva frontera. Por sus recursos naturales, porque donde han sido capaces de unirse, los africanos han demostrado que tienen un futuro juntos. Siempre habrá emigrantes porque es parte de la naturaleza humana. Nuestra especie tuvo su origen en África y desde que el Homo Erectus consiguió erguirse de forma clara y con ello ampliar su visión del mundo, nunca hemos dejado de explorar.
De nada servirán las vallas físicas, ni mucho menos las intelectuales o éticas frente al deseo ontológico del ser humano de buscar un nuevo horizonte. Los primeros homínidos erguidos subieron hacia el norte desde África, con nada más que sus pies y sus manos, cruzaron hacia Europa y Asia superando todas las barreras naturales y enfermedades. Muchos quedaron por el camino, otros alcanzaron su destino y son conocidos como los Neandertales antecedentes inmediatos de lo que se denomina Homo Sapiens que en teoría somos nosotros, digo en teoría porque Homo sí, pero Sapiens no lo sé.
África es nuestra casa común, los africanos nuestros hermanos y en una casa común no puede haber vallas y para que estas caigan debe terminarse con lo que provoca su levantamiento, la injusticia social que padecen millones de africanos consecuencia de gobiernos corruptos y opresores apoyados por algunas multinacionales indiferentes al sufrimiento humano.