HOJAS DE CHOPO
Paco Morán
La muerte es un instante sin medida», aunque en el horizonte queda una pequeña llama si está comprometida con el ser humano. Lo escribió Francisco José Morán en su Silencio encendido (1964), el poemario que «toca las llagas vivas de la realidad», utilizando palabras de Victoriano Crémer, que lo prologa. Me invade ahora esa sensación, por la cercanía y el recuerdo del hombre cabal y auténtico que tuve la suerte de conocer. Ocurre con frecuencia que, en el recuento inevitable de las propias ausencias temporales del entorno y las querencias, uno ya encuentra más pérdidas que otra cosa. Y hasta se consideran normales como único consuelo. Muy tarde ya, me enteré de que Paco Morán había escrito el verso último y definitivo.
Natural de Poladura de la Tercia (1929), vivió en La Valcueva, donde su padre ejercía como maestro. Maestro él mismo, después de un largo periplo lejos de su tierra (Madrid, Sevilla, Canarias), llegó a Ciñera de Gordón para ejercer el magisterio y la dirección del colegio nacional. Allí lo conocí: no era un maestro más, en el sentido cariñoso de la expresión, sino «el maestro», dentro y fuera de las aulas, incluso en el juego de los bolos, otra de sus grandes pasiones. Fue, sobre todo, creador de inquietudes, animador de vocaciones apenas despuntadas y canal de comunicación que permitía conectar con no pocas aspiraciones soterradas de los ciudadanos de aquella comarca fundamentalmente. De apariencia seria, pero siempre cercano, me pareció la pervivencia de esta máxima unamuniana: «Yo he buscado siempre agitar, y a lo sumo sugerir más que instruir. Si yo vendo pan, no es pan, sino levadura o fermento». Fermento, esa es la palabra. Y en fermento se convirtió también la Biblioteca Pública que, bajo su dirección, tomó las riendas de múltiples iniciativas. La Fiesta de la Poesía y el Encuentro con los poetas de la comarca minera, iniciativas ambas nacidas a principio de los ochenta, se convirtieron, a mi juicio, por su éxito y alcance, en la más singular aventura de la historia cultural gordonesa. Recuerdo especialmente un par de inviernos de nieve y soledad en que encontré en aquel despacho bibliotecario la guía de lecturas y el consejo del calor humano.
La bibliografía de Francisco J. Morán es abundante y significativa. Además del título citado y de numerosas colaboraciones en revistas y periódicos –este es un ejemplo-, alcanzó notable éxito y numerosas ediciones la Historia de los Premios Nobel de Literatura , en colaboración con Matías Díez Alonso, otro nombre imprescindible en el entramado leonés. Añádanse, también con Díez Alonso, varios libros de texto, y ya solo, otros con el nombre de varios pintores en la colección «Grandes Hombres». Firmé con él una Antología de poetas españoles para escolares.
Una vida intensa y ejemplar. Aunque no llegué a su despedida, gracias por todo, amigo Paco. Gracias.