Diario de León
Álvaro Caballero
León

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Más de tres décadas después, los postres de aquella cena en la que Martín Villa y Peces Barba aplicaron su teoría de la fuerza centrífuga al mapa territorial se conmemoran sobre un tablero de Playmobil. El juego con el que este año han celebrado el Día de Castilla y León en la campa de Villalar. Un gran escenario con muñequines de diseño simple como el que dibujaría un niño pequeño: ojos muy redondos, boca exagerada, sin ni nariz ni orejas y pelo al estilo casquete, como si se lo hubiera cortado Benito El Divino en Boñar. Más o menos lo que viene a ser esta Comunidad impostada que nos toca malvivir, donde las extremidades no tienen articulaciones y la cintura no se dobla más de 45 grados: lo justo para que el centro se mire cómo le crece el ombligo.

El marco en el que no hay miembro con movimiento autónomo fuera de los planes que monta la Junta, ni posibilidad de levantar la empalizada, toda vez que los vaqueros hace tiempo que arrasaron con la reserva travestidos de políticos.

El simbolismo de los playmobil redobla los esfuerzos que cada año se lanzan desde Castilla para dar la matraca con el sentimiento de región. Un empeño en el que la central de propaganda, articulada alrededor de la fundaciones Villalar y Siglo, derrocha miles de euros cada año para acallar voces, inventar simposios, dictar libros de textos de esos que dicen que Castilla y León existía en el Neolítico, planificar actividades y colocar a los intelectuales que comulgan con la ofrenda del pesebre, repartidos por conferencias y mesas cuadradas que nos montan incluso en casa. Pica aquí, pica allá, poco a poco, sobre las que se sortean los nombres de los candidatos que les gustaría que las adornaran con su cabeza.

Un discurso oficial en el que no cabe la brecha del desarrollo industrial auspiciado con fondos públicos, ni habla de las inversiones concentradas en el triángulo de Valladolid, Palencia y Burgos, ni menciona los anzuelos lanzados a los empresarios leoneses y a las empresas instaladas aquí —quizá Indra sea la próxima— para que se ubiquen en Boecillo, ni explica que la planificación logística de las infraestructuras nos dejará otra vez a un lado.

No por qué se paseaba el miércoles por Ikea Asturias como si fuera Ordoño.

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