AQUÍ TE ESPERO
Dos obras, dos
Decía el pasado lunes que si una cosa se quiere hacer, se hace. Y la demostración más palpable está en la apertura ¡por fin! del puente de La Lastra que da salida hacia Puente Castro. Se construyó hace muchos años, pero faltaban doscientos metros para enlazar con la calzada que va al Área Deportiva de Puente Castro saliendo de la avenida de San Froilán.
Toda la historia que se montaron sobre unos restos arqueológicos en la zona y el marear la perdiz sobre si se deben tapar para continuar el vial o éste pasa por encima de las excavaciones, no dejaban de ser ganas de no hacer nada. Lo que pedí aquí, repetidas veces, es justo lo que se ha hecho: asfaltar doscientos metros para que el puente lleve a algún sitio. Cierto es que La Lastra no es Eras de Renueva, por citar un barrio nuevo y muy poblado, pero se supone que dentro de algún tiempo puede ser similar (también Eras estuvo un par de décadas abandonado y sin apenas construcciones) y es mejor que tenga todas sus salidas y entradas funcionando, que con un «fondo de puente» (ya que se ha hecho tan famoso el fondo de saco) que no es sino un ejemplo de cómo gastar dinero sin que sirva para nada. Ahora, con un poco de asfalto, por lo menos tiene utilidad.
Y ya que está hecho creo que se puede gastar algo de dinero en iluminarlo, porque el sábado, cuando me di una vuelta por la zona, no vi alumbrado alguno y esa rotonda en alto puede servir para que algún coche aterrice al otro extremo, cayendo dos o tres metros con el consiguiente peligro. Que se evita con iluminación. Y para que no suba mucho el gasto a ver si es con led y que proyecte la luz hacia el suelo y a no mucha altura.
La otra obra a que me refiero en el título es la zanja que abrieron el martes, a última hora de la tarde, en Álvaro López Núñez, a la altura de Federico Echevarría. Ya sé que el miércoles era fiesta, para taparla y dejar la calzada como estaba, pero el jueves y el viernes se pudo concluir el trabajo y así no habría estado todo el fin de semana la calle embarrada (no olvidemos la lluvia) y el consiguiente rebaje, al llevarse la tierra el tráfico rodado.
Son pequeñas cosas que no sirven para hacerse la foto, pero que al ciudadano que pasa habitualmente le indican si sus ediles se preocupan por estos detalles o sólo les importan realmente las obras de envergadura. Pero ahora no las hay...