Diario de León
Publicado por
MIGUEL A. VARELA
León

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De él se dice que si hubiera vivido en nuestra época hubiera sido un extraordinario guionista cinematográfico. Además del más grande dramaturgo de todos los tiempos, Shakespeare fue un agudo observador del alma humana y un especialista aún no superado en el análisis del poder y sus mecanismos de funcionamiento. Con esas herramientas construyó los mejores dramas nunca escritos que nos sirven, quinientos años después y mejor que la apresurada opinión de cualquier instruido politólogo, para entender que en política, lo que parece, es.

Del teórico teatral Jan Kott tomo prestada una larga cita —ya veremos cómo repartir los derechos de propiedad intelectual— de su imprescindible ensayo “Shakespeare, nuestro contemporáneo”.

En las grandes tragedias históricas de Shakespeare, todo empieza “con la lucha por el trono o con la consolidación del poder, y todas terminan con la muerte del monarca y con una nueva coronación. En todas las obras históricas el monarca legítimo arrastra una larga cadena de crímenes; ha apartado de su lado a los señores feudales que le habían ayudado a conseguir la corona, ha matado primero a sus enemigos y luego a sus anteriores aliados, ha dado muerte a sus sucesores y a los posibles pretendientes al trono. Pero nunca consigue matar a todos. Un joven príncipe vuelve del destierro para defender la ley que ha sido quebrantada. Pero la conquista del poder exige más crímenes, violencia y perjurio. De modo que cuando el nuevo príncipe esté ya cerca del trono arrastrará tras de sí una cadena de crímenes igual de prolongada que la del monarca que hasta ese momento ocupaba legítimamente el trono. Y cuando se coloque sobre su cabeza la corona será igual de odiado que el anterior. Y un nuevo pretendiente aparecerá para reclamar el trono en nombre de la justicia que ha sido quebrantada. El ciclo se ha cerrado. Empieza un capítulo nuevo, una nueva tragedia histórica».

Es un mundo circular en el que todo acaba como empieza y todo empieza como acaba. En el espacio escénico, la escalera es la mejor representación gráfica de los estadios en los que se mueven personajes con distintos nombres, pero que siempre son el mismo. El que hoy gana y está en la cúspide, mañana será el perdedor al que arrojar al abismo. Y, en ese momento, al pie de la escalera, ya está empezando de nuevo la historia.

En Ciudad de Puente, como decían nuestros mayores cuando las molestias de salud se extendían sin aparente explicación, hay andancio. Y una sensación de fin de ciclo político. De ese tiempo gramsciano en el que el viejo mundo se muere y el nuevo tarda en aparecer. Y para entender todo lo que pasa no se pueden leer los periódicos. Hay que recurrir a Shakespeare.

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