EL RINCÓN
La propina de Bruselas
Estamos haciendo muy bien la recuperación, aunque haya mucha gente que lo está pasando mal y nuestro Gobierno a distancia, que está en Bruselas, elogia la obligatoria austeridad española, aunque insista en que debemos profundizar más en ella. Nos exige dos años más de recortes y de ajustes.
Algunos habremos pasado a peor vida, ya que como en casa no se está en ninguna parte, pero otros aguardarán a que den fruto «los esfuerzos adicionales». Dos años pasan en dos vuelos concéntricos. Hasta entonces no habrá bajada de impuestos y la creación de empleo será un camelo para entretener parados. ¿Qué son dos años en la historia del tiempo? Apenas un parpadeo de Cronos, que nunca sufre de insomnio. Tendrán que aguantarlos los que sigan vivos. Con un par.
El Gobierno, aunque no tenga claro el tiempo que le queda por delante, planea aprobar la ley del aborto, ya que los jueces del Supremo quieren enmendar la reforma de Gallardón, al que se calumnia afirmando que tiene más conchas que un galápago, ya que todos sabemos que tiene exactamente las mismas que cubren al resistente quelonio. El tema del aborto está oponiendo a los partidos de izquierda y de grupos favorables del derecho de la mujer a decidir únicamente sobre el destino de algo, quiero decir de alguien, que llevan dentro, pero que no han hecho sólo ellas.
La cuestión es importantísima y los llamados columnistas de opinión no tenemos por qué resolverla. En muchos temas basta con expresar con la mayor modestia compatible con una columna periodística nuestro parecer.
Es más fácil opinar sobre el uso del gas pimienta contra los inmigrantes, para aderezarlos convenientemente si logran saltar la valla, que dictaminar sobre vidas que aún no se han asomado al mundo. Hay muchas cosas que no sabemos.
El gran Fernando Savater acaba de decir que la pretensión de que un mamífero trate de comprender el universo es risible. Yo, por ejemplo, pienso que el aborto sólo sería deseable si lo hubieran practicado las madres de algunos señores de Bruselas, pero no aspiro a imponer mi criterio.