Diario de León
Publicado por
maría j. muñiz
León

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Años llevan echándonos en cara este apego nuestro al ladrillo. Este afán de posesión inmobiliaria. Esa manía de entramparnos de por vida con los bancos a cambio de creer que el techo que nos cobija es nuestro.

Qué empeño ese de no vivir libres de ataduras, acogidos al toma y daca del alquiler. Afrontar la existencia un poco más al día, carpe diem ; como dicen que hacen otros europeos más avanzados en la cosa de la propiedad privada.

Será fruto de ese ansia de posesión esta debacle inmobiliaria y de hipotecas fallidas, este sobreendeudamiento (apalancamiento, bonita palabra para la situación actual) que nos ha llevado a la hecatombe.

Pero ahí están los casos de quienes han perdido el piso y la camisa porque creyeron poder hacer frente a esas arraigadas costumbres de propietarios y ahora no tienen recursos con los que hacerles frente.

¿Y si no hubiera sido así? ¿Qué sería de los miles de leoneses (más de 12.000) y millones de españoles que no tienen ningún ingreso, ni de trabajo ni de paro ni de subsidio? Según la doctrina antiposesión ladrillera vivirían de alquiler. Pero ¿con qué lo pagarían? ¿Hubiera sido más fácil hacer frente al paro de larga duración, a los casi 22.000 hogares leoneses en los que no encuentra trabajo ni uno solo de sus miembros, si en vez de una hipoteca hubieran tenido sólo la carga del alquiler? ¿Es tanto más barata esa carga? Creo sinceramente que no.

Más allá y más grave. De haber seguido hace tiempo esos consejos de relativizar la importancia de un piso en propiedad, ¿cómo y dónde vivirían nuestros millones de mayores si a estas alturas de su pensión y sus copagos no tuvieran resuelto al menos el tema de la vivienda? ¿Podrían esas pensiones mantener no ya a los hijos y nietos en precario, sino a los propios y austeros pensionistas si no tuvieran al menos su casa pagada y segura?

Cambiar los modelos y las estructuras que asientan el entramado económico de una sociedad no es tarea fácil, y aventurar recomendaciones sin poner antes las soluciones adecuadas puede llegar a ser una irresponsabilidad.

Mientras nuestra seguridad y confianza en lo que va a depararos el futuro sea la que nos acompaña históricamente, ¡benditas esas nuestras manías previsoras!

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