HOJAS DE CHOPO
Peregrinar
Dicen que la vida es pura peregrinación. Sin duda, parte de razón tiene quien lo afirma, sobre todo si a la idea de desplazamiento, tan tratada también por la literatura, añadimos la dimensión interior, esa que nos va confirmando progresivamente una ubicación distinta, con matices al menos, a lo largo de la vida. Somos peregrinos de nuestra propia conciencia, de nuestro querer estar en el mundo con un arraigo que no tiene por qué ser monolítico.
Las ciudades, a las que Víctor Hugo definía como «biblias de piedra» con no poco fundamento, padecen, cómo no, su propia peregrinación. Los edificios históricos, salvo excepciones y matices, aberrantes en algunos casos, siguen ese principio cristiano sobre la vida, que no desaparecen sino que se transforman. Unos más que otros, claro. Por poner un ejemplo que últimamente ha estado en boca de muchos leoneses, la Casa del Peregrino, junto a San Marcos, no menos ejemplo. La Casa del Peregrino es una buena referencia de ese peregrinaje interior al que nos referíamos. Solo hace falta recorrer su historia.
Como la vida, con sus consiguientes modelos, da tantas vueltas, resulta que el edificio carece ahora de función. Y no es plan, que resulta cara a las arcas comunes. Y ahí empieza el problema, saber qué albergará, su próximo destino. Los rumores, algunos convertidos en propuestas de diferente signo y dirección, hablan de un restaurante convertido en referente gastronómico, otros de la Casa de la Igualdad, no pocos en que recobre su espíritu de atención a los caminantes jacobeos…Este periódico apuntaba hace unos días la posibilidad de que albergue el soñado Museo de Escritores Leoneses. Me sumo fervorosamente a la propuesta, aunque quizá con algún matiz nominal que ahora no viene al caso.
El asunto viene de largo, de cuando la propuesta en esta dirección se puso encima de la mesa, en el contexto de aquella «Ciudad Literaria» en que se pretendía convertir, con sobradísimos motivos, a esta ciudad y su provincia. Ahora se lanzan ciertas campanas al vuelo porque los nuestros atienden la llamada de otros lugares. El lamento que nos define. El proyecto duerme en el peor de los limbos, el de la indiferencia, y no pasa nada. Desaparece un premio y un nombre histórico, y no pasa nada. Es fácil, y ojalá me confunda, que la historia no ofrezca otra posibilidad tan evidente y propicia como esta. Hay que creer en ello, más incluso —y perdonen la posible frivolidad— cuando se observan nuevos rumbos y claves en el turismo. Si no existe esa fe, cualquier esfuerzo es inútil. Y fíjense que el espíritu literario y creador está aquí siempre en el ambiente, ahora con la apuesta de un nutrido grupo de pequeñas editoriales independientes que realizan una labor fructífera. Cuánto sabe también este mundo de la literatura y sus aledaños de la peregrinación, sin duda otra fortaleza de sueños y ficciones.