Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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Hoy, aquí y ahora, cobra más sentido que nunca aquello de que la política es como ir en patines, vas en parte donde quieres tú y en parte donde te llevan los patines. ¿A dónde nos llevan? De momento las elecciones europeas han servido para dar el respingo ese de cuando, novato o avezado, uno de los pies se te marcha por su cuenta y todo el cuerpo se tambalea en un tantarantán que no sabes si va a acabar en circense pirueta resuelta con más o menos gracia; o en culada con dolor agudo en la rabadilla. Que, quitando los asuntos del corazón (metafóricamente hablando), es donde uno más se da cuenta de cuántos huesos tiene, cuánto cuesta moverlos y cómo te recuerdan que están ahí cuando menos lo necesitas.

Ahora que sabemos que podemos, europeamente hablando; que no es posible negar que el cabreo que se arrastraba por las esquinas (o se gritaba en los foros que, mira tú, no eran tan de perroflautas) es grito en la cara de las instituciones; que la cosa se ha manifestado (como se manifiestan los fantasmas, haciendo uhhhh! y soplando un escalofrío en la oreja por la espalda); ahora que resulta que «se puede»... ¿qué?

Los descalabrados partidos mayoritarios dicen que toman nota, pero es mentira. Se la refanfinfla. Porque los demás no tienen estructura, ni programa (viable). Fíjense, lo dijeron los sindicatos en el 1º de Mayo, hace ná. No vale el voto del cabreo. Hay que dar un puñetazo en la mesa. O más arriba. Pero con cabeza.

Qué programa electoral es una carta a los Reyes Magos. Cómo se sostienen los malabarismos dulces al oído de quien sabe que nunca va a tener que sostener las cuentas públicas. Qué sentido tiene ir contra todo y contra todos cuando vivimos con todos y para todos.

Ahora, dado el golpe de efecto, ¿cuál es la propuesta? La llamada de atención ha sido clara. Los ciudadanos estamos hartos de corrupciones y corruptelas, de mentiras y mentirijillas, de tolerancias y desmadres. Sobre todo, de no saber dónde vamos más allá de la evidencia del desmoronamiento de nuestro estado de derecho, de aquellos nuestros pequeños logros, frente a la evidencia de que la corrupción siempre encuentra una ratonera, y no tiene la más mínima intención de ceder cacho en esta economía intervenida. Y con ella, en nuestras vidas.

Podemos no ser capaces de gobernar. Pero, podamos o no, estamos hasta las narices. Y somos cada vez más. Tomen nota. De verdad.

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