SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA
El derecho de los replicantes
Si alguna película ha dado que hablar y escribir desde el punto de vista jurídico ésta es sin duda Blade Runner. Magistralmente dirigida por Ridley Scott, sugiere un debate sobre la naturaleza humana y sus leyes en un escenario de ciencia ficción. Se podría resumir el argumento afirmando que en el siglo XXI los humanos han construido robots tan avanzados que deben someterlos a distintos test para diferenciarlos de ellos mismos. Son iguales o superiores a los humanos en todo excepto por el hecho que han sido creados para trabajar como esclavos y con una fecha de caducidad a muy corto plazo de vida.
Surge el conflicto cuando los robots más avanzados, los «Nexus 6» toman conciencia del sentido de transcendencia, adquieren sentimientos y se niegan a morir. Esto es lo que nos importa de la película para abordar el tema de la humanidad del derecho. El resto del argumento es una persecución por parte de los policías especializados en cazar a estos robots los «Blade Runner» hasta darles muerte.
En los momentos actuales una crisis brutal de la economía ha destrozado la vida de muchas familias, rompiendo sus proyectos e ilusiones. Ha provocado una desafectación por la causa pública y por consiguiente ha generado en nosotros una inseguridad que nos ha hecho concentrarnos en nuestro yo como mecanismo de autodefensa.
Todas estas circunstancias nos conducen a ver con desconfianza, cuando no con odio a las leyes que nos rigen. Expresiones como que el «Derecho Penal es un Derecho sólo para los pobres» que habían desaparecido de los mentideros jurídicos han cobrado nueva vigencia. Los actos violentos en las vías públicas se producen con una frecuencia que raya lo intolerable, máxime cuando son consecuencia de la acción de grupos minoritarios que aprovechando el libre ejercicio de derechos básicos como la libertad de las personas lo mutan transformándolo en acciones delictivas.
¿Están en condiciones nuestras leyes para dar una respuesta satisfactoria a tantas nuevas realidades? Considero que no. Cuando el sistema social entra en crisis, entra con todos sus componentes como la Historia ha demostrado más de una vez. La economía es tan poderosa que arrastra al sistema legal para bien o para mal. En época de bonanza todo es generosidad, pero en época de crisis la caridad no reza bien con el principio de Ley justa.
No trato de cuestionar si nuestras leyes son justas o injustas, entre otras cuestiones porque la doctrina jurídica deja claro lo que se debe entender por Ley justa. Tomemos como ejemplo a Henkel quien entiende que deben darse dos máximas que conforman la justicia. Una, dar a cada uno lo suyo y dos, tratar en forma igual a lo esencialmente igual y a lo desigual desigualmente en proporción con la desigualdad. No dejaría de apostar porque estas máximas estaban presentes en la mente de nuestros legisladores cuando elaboraron cualesquiera Ley que queramos estudiar.
Pero, ¿una Ley justa está dotada necesariamente de humanidad? No parece que esto cuadre bien con la imagen de una justicia ciega y sorda que tiene como instrumento de medir una balanza. No hay lugar en la Ley para los sentimientos, para los nuevos replicantes de nuestra sociedad, para los excluidos del sistema. Los dejamos fuera de nuestra humanidad. Son como nosotros pero sin los mismos derechos. Al igual que los «Nexus 6» no tienen derecho a soñar con un futuro. Lo paradójico es que nosotros mismos contribuimos con nuestros egoísmos y falta de humanidad a que el número de replicantes cada vez sea mayor.
No se trata sólo de un problema de economía, sino de conciencia. De saber como afirma Javier de Lucas que nos hacemos más humanos cuando compartimos nuestros derechos. Tan importante como la razón que determina lo humano son los sentimientos, sin ellos no seríamos humanos, seríamos aún menos que «Roy», el mejor de los «Nexus 6», quien quiere vivir sólo un poco más para que todos los maravillosos momentos que vivió no se pierdan en el tiempo como lágrimas en la lluvia.
El Derecho además de justo debiera ser humano, de acuerdo con nuestra condición de personas, debiera tener más en cuenta nuestra naturaleza y menos nuestros logros económicos, científicos o de cualquier otro tipo. Lo que «Blade Runner» trata de demostrarnos es que la esencia del ser humano está en su propia naturaleza, su capacidad para sentir emociones y empatizar con sus semejantes. Es algo tan único que los replicantes se resignan a morir para poder vivir, aunque sea por muy poco tiempo como humanos.