Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Hasta anteayer mismo si te hablaban de «ese de la coleta» dabas por hecho que se referían a Willie Nelson. O a Felipe Zapico, quien pese a habérsela cortado ya hace mucho sigue caminando con majestad torera, como si se dirigiese a cantarle las cuarenta a un morlaco. Pues ahora hay otra posibilidad: que se refieran a Pablo Iglesias. La suya es una coleta mediática. Por algo los partidos le dan tanta importancia a que el cabeza de lista tenga una seña de identidad reconocible. Según los asesores de imagen no es tanto una cuestión de tener buena presencia, como de singularidad física. De ahí que expliquen el efecto Iglesias en que se le ha visto la coleta a todas horas, en las tertulias de las distintas televisiones. Algo de eso hay, pero no todo su éxito puede explicarse desde la presencia capilar. Esa es la explicación facilona y, como consecuencia de la misma, asistiremos a la proliferación de coleteros varios, convencidos de que renovarse o morir consiste sólo en eso, en agarrarse con una goma el pelo. ¿También se la dejará Rubalcaba? Para él ya es demasiado tarde, además aún no se ha inventado el milagro laico. Ya lo dijo el Gallo, lo que «no pué ser no pué ser y además es imposible». No obstante, aquí en León tenemos un constructor reciclado en albañil de alopecias que inventó no hace mucho el crecepelo Leonardo, a lo mejor aún le quedan unos frasquines. Lo mismo hace rebaja a los partidos si le hacen pedidos grandes. Miren por dónde, resultó ser un visionario.

Hemos creado una sociedad obsesionada con lo fácilmente reconocible, que es la manera más segura para confundir y confundirse. «Ese de la coleta», se dice. Y el que escucha asiente, creyendo saber de quién le hablan. Pero también la tiene Fu Manchú. Y Steve Seagal, aquel de de los mamporros. Y Pippi Calzas Largas. No es pues la misma el elemento diferenciador, sino las intenciones que hay debajo de ella. O sea, el programa. Aviso, leerlo puede producir taquicardias.

Pues sí, habrá que preguntarle al gran Zapico, quien tiene muy bien aprendido que aún más cornás da el hombre que el hambre. Y sobre todo que en esta vida, donde cada cuál ha de lidiar con sus sueños, casi siempre querer es poder. Con coleta o sin ella.

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