Diario de León

TRIBUNA

Cancer gástrico y herencia, a propósito de Juan XXIII

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León

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Mi primer recuerdo de infancia es el tañido de todas las campanas de mi Salamanca natal a primeros de junio de 1963. Todavía me veo en la cola del autobús, al lado de la Clerecía, con mi madre en avanzado estado de gestación.

Las campanas no dejaban de tañer de forma pausada, sin iniciar un nuevo toque hasta que el anterior, grave y profundo, se hubiera desparramado y apagado en todas las calles y plazas. El tiempo estaba detenido, como solo se detiene en la mente de un niño de tres años, en un domingo caluroso de junio, domingo de Pentecostés. El Papa… ha muerto. El rumor pasaba de boca en boca siguiendo el sonido grave de las campanas, se amortiguaba en las piedras de los edificios y los adoquines de las calles y nada más agotarse renacía con el nuevo tañido. El Papa… ha muerto.

Hace un año se publicó un artículo sobre la Historia, patogénesis y manejo del cáncer gástrico familiar: Estudio original de la familia de Juan XXIII (BioMed Research International, Volume 2013, Article ID 385132, 8 pages; http://dx.doi.org/10.1155/2013/385132) en la que el doctor Corso con la colaboración, entre otros del doctor Fabrizio Roncalli, familiar del Papa, analiza el caso de esta familia con relación al cáncer de estómago.

Estudiaron un total de 109 familiares de seis generaciones. Se encontraron 7 casos de cáncer gástrico, de los que 6 fallecieron por esa causa y que afectaron a dos generaciones, la IV y la V.

Siendo Roncalli Patriarca de Venecia, tres hermanas y un hermano habían muerto por el mal que más tarde se le declaró a él. La conclusión del doctor Corso es que en ausencia de causas genéticas definidas y teniendo en cuenta el riesgo de desarrollo de cáncer gástrico en estas familias, así como las altas tasas de mortalidad en el diagnóstico tardío, se propone un protocolo de vigilancia intensiva de los miembros asintomáticos.

Es bien sabido que el cáncer es una enfermedad de los genes. Se precisa una cadena de alteraciones en los genes para que el cáncer aparezca y se disemine. Que sea una enfermedad de los genes no quiere decir que sea una enfermedad hereditaria, la gran mayoría de los casos son fruto de la acción del medio ambiente en sentido amplio (alimentación, actividad física, consumo de drogas, sobre todo las legales: tabaco y alcohol…etc). En el caso del cáncer de estómago entre el 90 y el 80 % de los casos aparecen en personas sin antecedentes familiares y entre el 10 y el 20% en personas con antecedentes.

Los antecedentes familiares, en la mayoría de las ocasiones no son debidos a cuestiones genéticas sino ambientales… las familias comparten genes pero también medio ambiente: viven en el mismo sitio, se alimentan de la misma manera y probablemente comparten la exposición a muchas sustancias capaces de producir cáncer (carcinógenos).

En la gran mayoría de los casos de cáncer gástrico con antecedentes familiares, no se encuentran «genes heredados» que expliquen su aparición, sólo se hallan en el 10-20% de los casos. Esto quiere decir que, hasta la fecha (hoy la genética adelanta que es una gwas-barbaridad), solo entre el 1 y el 3% de los casos de cáncer gástrico tienen un carácter genéticamente heredado. El de la familia Roncalli es un ejemplo curioso de cáncer de estómago heredado.

En septiembre de 1962 se le había diagnosticado a Juan XXIII un cáncer de estómago. Según el doctor Corso, el archiatra papal doctor Valdoni, y tres eminentes cirujanos valoraron el cáncer como inoperable dado el precario estado de salud del Papa y lo extendido del tumor. Según el secretario papal, Capovilla, el Papa asumió el consejo de los médicos, también era lo mejor para no interferir con los preparativos del Concilio Vaticano II cuya primera sesión inauguró en el 11 de octubre de 1962.

Grandes riesgos frente a exiguos beneficio. Como ocurre con frecuencia en este tumor, se había llegado tarde. El Papa presentaba desde hacía tiempo pesadez de estómago, vómitos y había perdido 5 kilos de peso en 4 años. La suerte estaba echada. El 23 de mayo el Vaticano hizo pública la enfermedad.

El 31 de mayo se le declaraba una peritonitis por perforación gástrica… «se nos va en tres o cinco días… ya todo ha terminado» manifestó el doctor Mazzonni, asistente del archiatra papal, a Capovilla.

En la calurosa tarde del domingo de Pentecostés de 1963, en Salamanca, empezaron a tañer todas las campanas de la ciudad y un rumor acompañaba a su grave sonido… El Papa… ha muerto. Hoy, 51 años después, aún puedo ver, como extrañado, al sonido y al rumor alcanzar, una y otra vez, cerca de la Clerecía, la cola del autobús donde hay un niño agarrado a la falda de una mujer en avanzado estado de gestación.

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