Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Parece mentira. ¡Un poquito de mano izquierda, que los edificios también tienen su corazoncito! El Ayuntamiento de León ha pedido al Ministerio de Empleo que retire el color con el que se está pintando la fachada de la sede de UGT, por considerarlo feo y que desvirtúa el estilo del edificio. Tiene razón. Aquí en León refinados cromáticos somos cuatro, y si me incluyo es porque las corbatas me las compra mi mujer. Pero tampoco hay que ser hiriente, dejémoslo en un amarillo poco agraciado. Y que lo quiten cuanto antes, que después el alcalde de Valladolid hace chistes. No podemos permitir que una tonalidad nos espante al turismo, si soy un turista y la veo ya no pernocto, aunque tenga pagadas tres noches de hotel. No obstante, todo lo concerniente al gusto cromático será siempre relativo. A mí el verde del mini vestido que cimbreó Jennifer López en la inauguración del Mundial me pareció que combinaban muy bien con su melena rubia. Aunque para gustos, los calores.

Pero ojo, empiezas llamando feo al color de una fachada y terminas metiéndote con las orejas de soplillo del sindicalista Mengano o con la nariz del empresario Zutano. Y eso, jamás. Hace años acompañé a unos políticos de Ciudad Real a conocer al presidente de nuestra Diputación, no diré a cuál. Era una visita motivada por un intercambio de exposiciones. Todos eran del mismo partido. Les soltó de primeras: «Para mí su ciudad es la más fea de España». Pensé: «ahora es cuando nos declaran la guerra». Pero ellos se limitaron a mirarse perplejos y a sonreír con diplomacia. A la salida, el portavoz de la comitiva me dijo: «Qué sentido del humor tiene vuestro presidente». Fue una forma de interpretarlo. Si lo llegan a interpretar de otra, aún estamos a pedradas.

Uno de los cometidos del urbanismo es respetar las atmósferas, propiciar el diálogo entre etapas y estilos de una ciudad. Aquí se ha obviado. Pintar una fachada es mucho más que dar brochazos. Habrá quien diga que no hay colores feos, sino mal combinados. Y quienes argumenten que en el Renacimiento también tenían sus días malos. Y que más afean los grafitis o el expresionismo abstracto de las palomas. Nos hacemos cargo, pero un amarillo no puede ponernos colorados.

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