EL MIRADOR
Vergüenza
Nos gusta el ruido. Y no solo me refiero al que hacemos cuando estamos en los bares. Nos gusta el ruido de las noticias. Cuanto más ruido más absurdas. Nos hemos acostumbrado a eso y creo que sé la razón: funciona como una herramienta de defensa y me descompongo como periodista. Los llamados progresistas nos entretienen con la forma que debe tener el Estado y entonces inventan un debate hoy imposible: monarquía y democracia.
Los conservadores anuncian una reforma fiscal que consiste en que lo que dan a Pedro se lo quitan a Juan. Ruido, ruido, mucho ruido que dice Sabina en una hermosa canción. Y así podemos irnos al Tribunal de Cuentas, un órgano del Estado lento e inútil para fiscalizar las cuentas de los partidos. Una covachuela decimonónica, nido de enchufes de familiares en forma de esposas, exesposas, cuñados, amigos, hijos, primos y conocidos. Nepotismo en estado puro.
Y luego está el ruido que hacen los aprovechados sindicalistas de la UGT andaluza, que consiguieron convertir el dinero de los parados en regalos, viajes y comidas sin que nadie reparara en ello hasta que el escándalo estalló. Me niego a que las verdaderas informaciones pasen ante mis ojos como si del vuelo de un pájaro se tratara. De todas las que he leído en las últimas horas la única noticia que, en mi opinión, merece una reflexión urgente es la que ha adelantado Unicef y según la cual en España hay 2.300.000 niños en el umbral de la pobreza. Cada vez hay menos dinero para ellos. Y así se nos cuenta que las ayudas se han reducido estos años de crisis un 14%, que la comida, el bienestar, la educación, la luz, la ropa y el ocio son un lujos para estos muchachos, que ya saben como se las gasta la vida con ellos.
España es un país condenado a vivir sin acuerdos entre las fuerzas que están llamadas a gobernar, hasta hoy el PP y el PSOE. Digo bien: hasta hoy... Y sin embargo es urgente un Pacto por la Infancia. Podrán decirnos que son muchos los niños que sitúan en el umbral de la pobreza y que la cifra es exagerada, y yo respondo que si alguien conoce la profundidad del agujero de la desigualdad es Unicef. Si alguien sabe dónde está la pobreza y la cara que tiene es Cáritas. Que una noticia así no esté de forma mayoritaria en las portadas da idea del ensimismamiento al que estamos sometidos los medios de comunicación. Ojalá que algún día uno de esos niños que hoy lo están pasando mal pueda abrirse camino y preguntarnos por lo que estábamos haciendo cuando él caía víctima de la desigualdad, la injusticia y el despiste general de un país que no ha comprendido aún que esos más de dos millones de niños que hoy sufren son el único y verdadero plan de futuro de un país limitado, olvidadizo y entretenido.