LA VELETA
Edu y el aparato
E duardo Madina tal vez lo último que quería era lanzar sombras de sospecha sobre la forma en que se han conseguido los avales del PSOE, pero se ha equivocado de parte a parte. No hay nada que objetar a su petición de que se deberían conocer la procedencia de los avales que han conseguido cada aspirante por autonomía ¡faltaría más! El problema es que tal reclamación de transparencia, la ha hecho justamente cuando su adversario en la carrera por dirigir el partido, Pedro Sánchez, le ha tomado la delantera con mucho, dando la sensación de que estaba respirando por la «herida» del perdedor en este primer round.
Por mucho que Madina haya dicho que más transparencia es siempre sinónimo de una mejor política, cosa que es cierto, detrás de su petición se esconde, claramente, el intento de demostrar que Pedro Sánchez está siendo más apoyado por los aparatos regionales del partido que él, en un momento donde lo que se quiere primar es a los militantes y no a los dirigentes. En una entrevista que le hice a Pedro Sánchez, cuando le preguntaba si era partidario de restar poder a los aparatos del partido me decía textualmente lo siguiente: «Los militantes de base tienen que ser no sólo protagonistas del cambio en la elección de quién va a ser su secretario general, sino que también deben serlo de las decisiones de la nueva dirección».
Lo que Madina debería de preguntarse es por qué un diputado de base como Pedro Sánchez ha tenido la habilidad y los apoyos suficientes para hacerse con la mayoría del grupo parlamentario socialista. Y también deberá preguntarse porque su adversario ganó en 12 de las 17 comunidades autónomas incluida el País Vasco de dónde procede Madina. Tal vez el secreto de su éxito está en que lleva meses pateandose las federaciones, testando la opinión de los militantes y ha recorrido cerca de cuarenta mil kilómetros recorridos. «Soy un candidato de carretera», dijo y no le falta razón. Ya sabemos que los avales para presentar la candidatura son sólo eso, avales, pero muchos se han apresurado a señalar que si la elección del próximo secretario general se hubiera celebrado según las viejas normas del PSOE, Sánchez podría ser considerado el ganador. Ahora de lo que se trata, en estas dos semanas hasta que se celebre el congreso extraordinario, es que los aspirantes demuestren que esto va en serio, que hay una voluntad cierta de regeneración democrática, que todo lo que hemos visto no es una simple pasarela de candidatos, sino que los militantes van a elegir al que mejores propuestas presente para sacar al partido del hoyo en que se encuentra. El PSOE está en una gravísima encrucijada, perdiendo votos a chorros y con nuevos partidos de izquierdas como Podemos. La elección de quien sea su líder a partir de ahora no es por lo tanto algo menor, sino crucial que puede determinar incluso su supervivencia como el gran partido de siempre. Está en su mano tal responsabilidad.