Diario de León
Publicado por
antonio manilla
León

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El nudismo tiene en contra las leyes del tiempo. La arruga y la gravedad hacen más por la moral pública que las homilías y ofertas de bañadores juntas. Pero el nudismo está admitido socialmente, al menos para pibones y cachas, y tiene sus reductos en el peor de los casos. La suya es una semiaceptación complaciente o desinhibida, según los cuerpos y las miradas. Hasta hay por ahí un artista que fotografía gente en pelotas en escenarios urbanos, sin que se escandalice nadie, y que ha hecho escuela en los spots televisivos de higiene íntima femenina, aunque igual sucedió al revés y la gallina fue antes que el huevo. El cuerpo humano desnudo, aunque se empecinen las femen y algunos creadores contemporáneos, ya no es un tabú para casi nadie. Evolucionamos. Hacia la moda anterior a las cavernas, pero evolucionamos.

Este año la propuesta más más de todas es el medio bañador masculino. Todavía no se ha visto mucho y tampoco creo que vaya a triunfar en las playas fluviales de la provincia, pero se sabe que lo llaman «medio slip» o «penekini» y consiste en una coquilla por delante y una tira por detrás, adentrándose en la raja de Nadal, dejando a la vista amplias extensiones rasuradas por ambos lados. Se ignora si lo venden con algún método de depilación pero para ponérselo, además de un cuerpazo, hay que tener al día o controlado el vello corporal. Y todo el entorno y sus accidentes, porque yo no sé si ese trocito de tela aguantará una súbita inyección de autoestima espontánea, pero una ola del Cantábrico decididamente no. Si, como decía Carlyle, «sólo una cosa diferencia al hombre civilizado del salvaje: los bolsillos», para colmo en este minimalista diseño no se ha pensado en una faltriquera para las monedas del periódico o la caña. Han hecho su versión para mujeres, que se llama mini bikini, y es una compresa de color sin más, tal vez sujeta mediante velcro, ese invento que hizo un ingeniero suizo fijándose en los cardos.

Para que cualquier idea nueva termine por ser aceptada socialmente, antes de echarse a la plaza pública, tiene que saltar la barrera de los prejuicios o principios establecidos en una época. Esto del medio slip, me parece, va a saltar la barrera, pero hacia el tendido, como los toreros sin muleta, huyendo del toro de la realidad. Corriendo a refugiarse. Por los pelos.

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