Diario de León
Publicado por
ANTONIO PAPELL
León

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En dos semana, el Partido Socialista se juega su futuro, sin circunloquios ni hipérboles. Tras la derrota de 2011, en plena crisis económica que no fue capaz de prever, ni de admitir cuando ya era un hecho, ni mucho menos de gestionar adecuadamente, y de una travesía del desierto con Rubalcaba al frente que no ha sido capaa de integrar todas las sensibilidades ni de reconstruir el ideario, el PSOE debe proceder a una renovación, y habrá de hacerlo con un liderazgo que, según las encuestas, no termina de convencer al electorado. Pedro Sánchez y Eduardo Madina, jóvenes valores emergentes todavía con poco currículum, se disputan la secretaría general socialista. Los dos son intelectualmente aseados y voluntariosos, pero -digámoslo claro- es lógico que haya dudas sobre su capacidad para sacar a uno de los dos grandes partidos estatales de la peor situación desde Suresnes, desde el congreso de 1974 en que Felipe González tomó las riendas del PSOE, todavía en la clandestinidad, arrinconando a los exiliados que habían mantenido viva la llama socialista en el exterior durante la dictadura.

La gran pregunta que han de formularse hoy el electorado y el aparato socialistas es la de si el PSOE detendrá su declive, que parece imparable, procediendo a una renovación generacional, presagio de una regeneración interna, o si, por el contrario, la única manera de remontar el vuelo es llevar a cabo una más ambiciosa transformación que se convierta en una gran convocatoria a las fuerzas progresistas para alumbrar una nueva formación, basada en premisas realistas, en las concurrencia de gentes de dentro y de fuera de la política y en las ideas que transitan por las recriminaciones de una opinión pública entre perpleja e indignada que se ha cansado de gritar el orteguiano «¡no es esto!, ¡no es esto!»

En Italia, tras la gran crisis provocada en aquel país por el hundimiento del viejo sistema político, arrasado por la corrupción, y luego de que los conservadores consiguieran al hegemonía de la mano de Berlusconi, las fuerzas progresistas no han levantado cabeza hasta la génesis acumulativa del Partido Democrático, que hoy engloba ya a todas las fuerzas intelectuales y políticas de ese hemisferio de la mano del ex alcalde de Florencia y actual primer ministro Matteo Renzi. El debilitamiento del PSOE, el mayor protagonismo de IU y, sobre todo, la irrupción de Podemos, una fuerza de aluvión, sugiere la necesidad de dar pasos hacia una integración de todas estas sensibilidades que en el fondo buscan nuevas referencias y un modo más eficiente y realista de hacer avanzar los grandes vectores de la solidaridad y la justicia más allá de las cínicas convenciones que imponen los mercados y la globalización. En definitiva, el PSOE tiene que poner orden interno, pero el porvenir de la izquierda pasa sin duda por empresas integradoras más audaces que habrá que acometer acto seguido.

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