Diario de León
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JAUREGUI
León

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Sospecho que son cada vez menos los que se preocupan ante los traspiés que va sufriendo la marca España. Me refiero, al menos, a los encargados de vigilar los procesos que son susceptibles de abusos por parte de terceros. Y, claro, los vigilantes son quienes menos pueden incurrir en esos abusos, so pena de que la inseguridad jurídica y la desconfianza, los dos mayores enemigos de la democracia y del progreso económico, se instalen e un país. Sucede que, en este país, podríamos citar demasiados ejemplos de estos ‘abusos in vigilando’, y lo propio podría decirse de las negligencias. Porque tan intolerable es lo que las investigaciones muestran que ha ocurrido en el Tribunal de Cuentas —nada menos que en el Tribunal de Cuentas—, donde familiares, amigos, deudos y enchufados se repartían sabrosos cargos propiciados por los jefes, como lo de Gowex. Que ningún regulador, ningún auditor se hayan enterado de los desmanes de un ingeniero financiero durante cuatro años resulta, cuando menos, espectacular.

Ya sé, porque he escuchado comparaciones con, por ejemplo, otros tribunales de cuentas, que España no es el único país europeo en el que una traducción local de nepotismo, y hasta de cuñadismo , es aplicable a las (mal)sanas costumbres de gobiernos, burocracias e instituciones. Eso para nada me consuela. Yo no quiero una España en la que los peores vicios de cada uno de los vecinos encuentren su réplica, de la misma manera que tampoco quiero una España en la que la multiplicidad de normas, cautelas y controles a la hora de contratar las administraciones sea tan excesiva que produzca el efecto contrario: que todo el mundo se los salte, porque resulta imposible cumplirlos. Que no quiero una España consumida por los peores vicios de la burocracia, vamos.

La España que yo quiero, y este no suele ser tema que se aborde en los debates políticos, ni siquiera en aquellos que enfrentan a quienes llegan de refresco, es la que representa a un país en el que la sociedad civil tenga algo que decir ante los abusos de las preferentes, engaños de los que ‘nadie’ se enteró hasta que los engañados se lanzaron a manifestarse estaban en la calle; una nación en la que la justicia sea igual para todos, no mejor (o peor) para el famoso o el poderoso; un Estado en el que se dialogue con todos sus componentes, incluyendo a aquellos que no quieren seguir en ese Estado. Etcétera. o quiero, en suma, una España en la que unos sean más preferentes que otros, en la que los tribunales de cuentas tengan cuentas pendientes, en la que un señor llamado Jenaro, palmeado por todos porque su brillante coraza era la del éxito, se convierta de la noche a la mañana en un presunto delincuente, mientras el gobernador del banco de España, y eso ha ocurrido este martes, confiesa que no tenía ni idea de lo que hacía o no el amo de Gowex. o quiero, en suma, una España en la que cada día haya que preguntarse si estamos en buenas manos.

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