Diario de León
Publicado por
JUAN CARLOS FRANCO
León

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La marabunta está a la vuelta de la esquina y por acá parece que ya comenzamos a darnos cuenta de lo que se nos viene encima. Eso sí, todavía no hemos decidido abandonar la autocomplacencia que nos acompaña desde que nos tocara, casi sin jugar, el premio gordo de tener que organizar un Mundial. Por un lado la versión institucional es que no sólo no nos va a costar nada sino que a partir del próximo mes ya estamos en positivo en cuanto a las cuentas. Parece, y más en estos tiempos que corren, que lo fundamental es cuadrar las cuentas. A ver si eso al final lo conseguimos, pero de antemano, parece claro que para ese viaje no hacían falta estas alforjas. Hace tiempo que ya arrojamos la toalla para que, con esta excusa, alguien decidiese arrimar el hombro y, por ejemplo, se acometiese alguna de las infraestructuras de primera necesidad que nos asfixian. Esas por las que, apuntan, llegarán los 350.000 visitantes.

Por el otro, los que tienen que sacarle rendimiento, parece que ya se han dado cuenta de que esto va en serio y han decidido reunirse para plantear sus necesidades. Es cierto que mejor ahora que por Navidad, pero con sus mentes clarividentes, seguro que lo próximo es crear una comisión. Otros que tampoco parece que se hayan enterado mucho de lo que supone un evento de estas características son los representantes de los currelos -que van a echar horas y más horas, los currantes, no sus representantes, con el argumento de exprimir este sarao-, y saltan ahora con un quítame de aquí esta libertad de horarios que suena a, lo que es, esclavitud pura y dura.

Así está el patio por acá cuando ya no hay posibilidad de levantar la bandera blanca y rendirnos. El Mundial amenaza con arrasarnos y para consuelo no nos va a quedar ni tan siquiera aquello de la gran oportunidad de promoción turística que hemos sabido aprovechar. Porque entre lo que les va a costar llegar hasta aquí, la sangría que les aplicarán por el alojamiento, los eriales a los que conduciremos a algunos visitantes, es difícil que alguno de ellos no se plantee esta experiencia como una gymkana camino del infierno.

Pero si hasta uno de esos ilustres visitantes que se dejan caer por acá cuando el calor aprieta ha puesto en solfa a nuestro buque insignia en materia turística, al asegurar que Las Médulas están dejadas de la mano de Dios. Si eso dicen de Las Médulas, qué no dirán del resto.

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