EL MIRADOR
Duran retrocede
La peripecia vacilante de Duran Lleida, líder de la democristiana UDC, a lo largo del proceso soberanista ilustra a a perfección la esquizofrenia a que se encuentra sometida la sociedad catalana, en la que pugna su natural sereno, proclive desde siempre a las identidades compartidas catalana y española, y la irrupción vehemente de la pulsión independentista, apoyada en errores de bulto del Estado pero exacerbada por la radicalidad identitaria del soberanismo, que ha aprovechado con inteligencia la crisis económica para lanzar una campaña patriótica que, como siempre sucede en estos casos, ha dividido maniquea y dramáticamente a los catalanes en buenos y malos, partidarios de la autodeterminación y traidores a la patria. Escapar de esta pinza, apostar por la racionalidad, descender al patriotismo constitucional y huir de la inflamación primaria y acalorada es empresa muy difícil. Y más, viviendo en Cataluña.
Duran había mantenido hasta ahora una posición ambigua: se ha manifestado partidario de la consulta, y gracias a ello ha podido permanecer en la secretaría general de la federación CiU, pero no se ha pronunciado a favor del sí, o del doble sí, en el referéndum. No era difícil ver que Duran, catalanista sin duda, pertenece a esta probable mayoría de ciudadanos que, aunque deseosos de un cambio de status, piensan que el futuro pasa por una nueva idea de España y no por su ruptura. Por ello ha lamentado en su última carta abierta que «mucha gente» no quiera el acuerdo en la próxima reunión de Mas con Rajoy. Cuando la solución del conflicto estaría en una «tercera vía» que colmase algunas de las legítimas aspiraciones de Cataluña sin romper la unidad del Estado.
En este sentido, su marcha de la cabecera de la coalición, aunque conservando la portavocía de CiU en el Congreso, podría ser una jugada estratégica para preservar su indemnidad en el caso en que Mas sea finalmente sustituido si no hay acuerdo entre Madrid y Barcelona y el referéndum naufraga porque el Gobierno no puede tolerarlo. En ese callejón sin salida, Duran podría ser el encargado de buscar un desenlace al desentendimiento, dada su cercanía a las grandes fuerzas políticas estatales y su ascendiente entre las fuerzas vivas del Principado.
Tras esta retirada, que por fuerza ha de ser interpretada como un desmarque de la obstinación independentista de Mas, que costó 12 diputados a CiU en las elecciones anticipadas y que ha regalado la hegemonía política a ERC, Duran se convierte así en el último recurso de la serenidad negociadora, a la que habrá que recurrir si, como se presagia, fracasa el último intento negociador. Nadie cree que Mas ha llegado hasta aquí para entenderse con Rajoy a las primeras de cambio. Y a partir de este desencuentro, las mayorías catalanas deberán replantearse íntegramente el desenlace del forcejeo. Será entonces cuando Duran tenga que asumir su responsabilidad y que desarrollar sus dotes de conciliación.