Diario de León
Luis Urdiales
León

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No hay nada como la emoción de creerse en pleno verano, convocado para las vísperas de las Nieves, por ejemplo, y que te sorprenda un desplome del termómetro a los infiernos. No hay nada como el castañeo de las choperas al resquicio del sol a media tarde mientras media España, y parte de la otra, se pegan por un trozo de sombra, el alivio de una granizada de limón o el susurro de una caña helada. Es la ventaja de poder elegir un estío que vive conectado de forma secular con los bornes boreales, capaces de pintar de blanco el praderío en medio del fogoso julio y obligar a contar con la chaquetina entre las herramientas de subsistencia elemental en un safari por la provincia. El asunto, además de arruinar los planes de la campaña de piscinas y chapuceo en muchos ayuntamientos (no es baladí la cuestión si se tiene en cuenta el esfuerzo de muchos municipios para incorporar el ocio acuático entre la oferta de reclamo veraniego) coloca a visitantes y lugareños en el punto inequívoco del planeta: qué cabe esperar de un lugar que acapara seis meses consecutivos de mínimas de temperatura en la península y hasta hace dos días enseñó la hebra de los neveros, blancos como la leche, que bien se puede ver cuando se observa el horizonte desde esa latitud que muestra al skyline leonés como un tiburón que sólo abre la boca para pedir una ortodoncia. Hay valles en esta tierra que son capaces de fabricar en plena madrugada de julio una brisa que cura mejor la cecina que las heladas de febrero. Cosas de mirar al norte, por mucho que legislen para meter por los ojos otro punto cardinal. Sin llegar a ese instante fantástico y colosal que cuentan los paisanos de la periferia cantábrica, que han visto caer nieve sobre sus pasos todos los meses del año, ya hay cúmulo de efemérides para declarar que aquí el verano se ha rendido. Costará creerlo, si se toma la referencia del tío del tiempo que mete mapas encarnados para advertir al personal de que la ola de calor es harina de sucesos; hasta que ese sol cesante del poniente desengaña del exceso informativo meteorológico, que no va con este sitio. Aquí resulta apropiado escuchar el vaticinio de que estará nuboso en el norte montañoso. No se preocupe Teruel por ver amenazado su pedestal. Antes de un año hay elecciones, que en León valen para calentar el ambiente. Entre tanto, se disfruta lo que se ofrece. La mínina.

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