Diario de León
Publicado por
Francisco Javier González Rojo
León

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Se acaba de conocer la admisión de las únicas dos ofertas en el concurso de acreedores necesario de Antibióticos para su adquisición en fase de liquidación. Al tiempo ya se han manifestado en los medios de comunicación y a los rumores las opiniones intencionadas sobre ambas propuestas de los representantes laborales de sus trabajadores, sin empleo real desde hace tiempo y, como mucho, con seis meses de desempleo remunerado por delante, solo con sumas y restas de unos números.

Lo peor sería que el futuro de esas instalaciones y lo que representan para León dependiera más de esos pareceres que de los reales propósitos de quienes las presentan.

Para que se entienda, de entrada, es más relevante el crédito de quien opina y de quien hace la propuesta que la propia oferta y si no que se lo pregunten a cualquier comerciante o tratante de las ferias, el que no piensa pagar no regatea y la opinión de un chalán se la lleva la marea.

Las matemáticas son ciencias exactas pero los números pueden ser imaginación. El valor de estos en sí mismos dependen de sus condicionantes y el papel en que se escriben, sin control, el tiempo lo tira a la papelera.

Supongamos que ofrecemos por una cuadra veinticuatro mil euros a condición de que el vendedor tenga que cambiar el tejado desvencijado de tercias y vigapiés cuarteados y tejas rotas, sustituir el suelo de tablones carcomidos de la tenada, revocar paredes, desmontar las pesebreras, echar el suelo, aportar licencia de habitabilidad o por simplificar, que nos la deje habilitada para revenderla como vivienda, va a resultar que, encima, tendría que poner dinero y hasta podríamos denunciar ese contrato si se incluyera una cláusula de evicción en caso de que el propietario no lo hiciera.

O ¿de que servía que el hasta ahora accionista de la mencionada empresa no despidiera a nadie y que contratara más trabajadores a efectos de que la Administración Pública le facilitara financiación, si acabó no pagando los salarios y cuando se abonaron sueldos era a cuenta de los proveedores que no cobraban y llevando el negocio a la liquidación?. (Lo insoportable es que se hiciera con la anuencia de la mayoría de componentes de su comité de empresa que, sin vergüenza, aun dictaminan).

Más allá de lo subjetivo y para no llevarse sorpresas, siempre es bueno conocer al comprador. A la hora de feriar no es lo mismo tratar con un conocido que con un desconocido, no se concede la misma solvencia al carnicero del pueblo que compra y despacha los jatos y los gochos que a uno que no se sabe a qué se dedica o donde reclamarle si no paga en el acto o si su verdadero interés sea comprar chollos aunque fueran pollos.

Pues bien, para este propósito, las propuestas provienen de dos sociedades con actividades muy diferentes, una pertenece al sector industrial de la empresa que se liquida pudiéndose denominar industria químico-farmacéutica (empresa industrial) y la otra al sector financiero, un fondo de inversión que en terminología empresarial se consideraría buitre por pretender invertir sobre activos en quiebra, (generalizando, fondo).

A partir de ahí es donde está la disparidad, en las posibles intenciones y no en las opiniones. Por lo general, la empresa industrial contempla su rentabilidad a largo plazo; el fondo a corto, es ave de paso.

La empresa industrial adquiere la nueva como forma de crecimiento; el fondo la adquiere para revenderla y ganar dinero en ello. El beneficio de la empresa industrial está en la venta de sus producciones; el del fondo en la especulación y la rotación de sus inversiones.

La empresa industrial aporta tecnología, técnicos, ingeniería, investigadores, patentes; el fondo utiliza, si llega, el conocimiento ajeno y, como mucho, un conocedor del sector, básicamente, para redactar el plan industrial que justifique un interés por el negocio.

La empresa industrial aporta experiencia y hechos; el fondo ventura y proyectos. La empresa industrial de este proceso tiene su sede por aquí y es conocida y compromete su existencia; el fondo, por lo común y en este caso, en un paraíso fiscal del extranjero y es desconocido y arriesga poco.

Esas son algunas desemejanzas trascendentes y que confieren diferente valor fundamental e intrínseco a ambas ofertas de cara al futuro de Antibióticos y, probablemente, a la última posibilidad de desarrollar en esta provincia-tanatorio un sector industrial como el biotecnológico lejos de números y planes que a la vuelta de unos meses no tendrán retroacción aunque se incumplan.

Ni el futuro de Antibióticos debería depender de tres o cuatro cabecillas ni el de León de unos cuantos mequetrefes.

Tras los males de León no están la maldición de los dioses ni su sino sino la cobardía disfrazada de prudencia y tolerancia y la ignorancia travestida de talante que consienten siempre, siempre, su ruina a favor de su enemigo por leoneses revestidos de traidores e intereses que ejecutan el castigo.

¡Oh! ¡Oh León!¡Que alguien cambie tu destino!

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