Diario de León
Publicado por
manuel alcántara
León

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La Fiscalía Anticorrupción muestra cada día una mayor curiosidad por conocer los datos bancarios de la banda Pujol Ferrusola. Asaltaron todas las diligencias que cruzaban por las Ramblas y las desviaron a Suiza o Andorra. El dinero, si se lava bien, no sólo no tiene olor, sino que deja de tener nacionalidad. Por eso hay que seguir hablando de la terrible familia, más peligrosa que los contagios de ébola y que la crisis de Argentina, donde la Bolsa está acabando con la vida. ¿Qué puede hacer la consolable viuda Cristina Kirchner si los acreedores abocan al país a una segunda suspensión de pagos? Y, sobre todo, ¿qué puede hacer el líder de Unió, Josep Antoni Duran, que dimitió hace un par de semanas, no menos consternado que otros catalanes? «Quien se enriquece rápidamente no puede ser inocente». Lo dijo Salomón, que aunque era un sabio le salió un pareado que no desdeñarían esas pancartas que ahora recorren España, combatiendo el calor con las rimas más fáciles.

«El próximo parado, que sea un diputado». Junto a esa petición hay otras, que como dijo aquel locutor de la postguerra, que estaba muy bien educado, el pudor nos impide nombrar. El hombre describía la sucinta indumentaria de los componentes de una tribu africana y dijo que para ocultar cierta parte del cuerpo los nativos usaban «una especie de tapacojones de cuero».

¿Cómo ocultamos los robos superiores al 3% de la banda Pujol Ferrusola? Los de la tarifa, más o menos común, ya se conocían y por muy excepcional que sea Cataluña no podía ser una excepción. Lo más grave de estos Trabuches y Malafachas es que los esquilmados empresarios temían sus represalias.

Además de robados, asustados. Lleva razón el juicioso y momentáneamente apartado Josep Antoni Duran Lleida: se equivocan los que creen que el ‘caso Pujol’ no les afecta. Influirá incluso en esa barbaridad del proceso separatista.

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