MARINERO DE RÍO
Adopta un tío
La publicidad se ha vuelto una ciencia compleja y casi inabordable, una especie de física cuántica de la persuasión con muchos cerebros rumiando formas cada vez más elaboradas de convencernos de la necesidad imperiosa que existe de llevar encima, pongamos por caso, un espongillón blastiforme que es cosa fina. Últimamente, además, acostumbran los anuncios a fintar y parecer lo que no son, y por medio te deslizan un lema pegadizo o extravagante o insolente, y por supuesto una dirección de Internet, y ya está echada la caña.
Eso semejaba uno muy curioso del que podría esperarse segunda parte con cambio de tercio y sorpresa en cuanto al artículo que desean empujarte por el gañate, pero no, nada de eso. Es tal cual. Dice la presentación que consta en la página web de la empresa de marras: «Adoptauntio.es es una web donde los hombres son productos a la venta y las mujeres acuden a hacer sus compras». ¡Meca! ¿Seguimos? «Una vez registrados, los tíos completan su ficha de producto y se colocan en las estanterías. Después, deben esperar pacientemente a que una clienta les añada a su cesta...».
Sólo intercambien las palabras ‘hombres’ y ‘mujeres’ de esos términos inauditos para atisbar por unos segundos la tremebunda e instantánea zapatiesta que se montaría en todo el país de ser así, con mucha denuncia, cartas de asociaciones, movilizaciones, boicoteos y demás. En este caso, en cambio, aún no tengo noticia de ninguna, y eso que la mercantilización del ser humano se exhibe en esta página sin pudor: el aspecto es de empresa de mobiliario o paquetería (ehem), con iconos de entrega rápida, muñecos metidos en carritos de supermercado y anuncios de ‘ofertas especiales’, ‘novedades’ y hasta ‘productos de la provincia’.
Recuerda el caso al libro de reciente aparición Muerte a los hombres malos , pleno de coloristas ilustraciones donde unos monicacos resultan alegremente despedazados, aplastados y, ante todo, desmembrados. ¿Al revés? Impensable.
Pues sí, da algo de lástima comprobar que el decisivo asunto de la igualdad pueda reducirse con tanta frecuencia a moda, pose o negocio. Y que se tome en serio tan sólo si afecta a la parte que interesa. El resto... a esperar en la estantería.