Diario de León

EL BAILE DEL AHORCADO

África, por ejemplo

Cristina Fanjul
León

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Hay verdades difíciles de decir. Es mejor permanecer callado porque digas lo que digas sólo tendrás enfrente la oposición de la cobardía, de lo políticamente correcto o del simple interés, que siempre es económico. Cualquiera de las tres posibilidades apesta.

El Gobierno, por ejemplo, demostrando su flojera intelectual dejando en el aire la pregunta acerca de quién iba a asumir el precio de traer a un misionero a morir a casa. Me gustaría saber porqué no dice lo mismo cuando de lo que se trata es de pagar rescates terroristas. ¿Es peor un misionero católico que cualquier miembro de cualquier oenegé?

El Gobierno, por ejemplo (sí, otra vez), que con la mano derecha monta un número propio de Hollywood mientras con la izquierda va quitando piezas al mecano de la sanidad.

La OMS, por ejemplo, para quien sólo hay emergencia cuando la salud de los que peligran está en el primer mundo, como si la cantidad de muertos justificara uno más. Por supuesto que seguimos considerando a los negros seres infrahumanos, por más que tratemos de serenar nuestras conciencias. Un muerto más... total.

Los defensores de lo políticamente correcto, por ejemplo, para quien vale más la vida de un palestino que la de un iraquí, y ésta más que la de un nigeriano. Hay víctimas más encuadrables que otras, hay víctimas que dan mejor en las fotos y de las que podemos sacar más provecho. Las ideologías, por ejemplo, que son racistas por naturaleza.

La jerarquía de la Iglesia, por ejemplo, que sigue condenando el uso del preservativo de manera farisea, aunque sus misioneros los reparten. Ellos sí saben que no se puede dar doctrina hasta que el hambre se ha desterrado. Se necesita dignidad para pensar en la transcendencia.

La izquierda, por ejemplo, que habla de planificación familiar en lugares donde los hijos son la única manera que las madres tienen de sobrevivir. Hipócritas haciendo ideología con el sufrimiento.

Las farmacéuticas, por ejemplo (perdón por mi ingenuidad), que sólo investigan las enfermedades en función de su popularidad o, peor, que esperan a que la cepa adquiera la notoriedad suficiente para que el rendimiento económico sea mayor. Hacen falta muertos para que las acciones suban.

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