AL TRASLUZ
Algunas bestias
Con pocos días de diferencia hemos conocido, a través de este periódico, dos noticias de sufrimiento animal en nuestra provincia. Pero hay notables diferencias, pese a que en ambos casos las víctimas son caballos. En el primero, el mismo fue provocado por el maltrato de su propietario, en el segundo por el ataque de un oso. En nuestro veredicto sale perdiendo el hombre implicado, al que no llamaremos ser humano pues no ha mostrado humanidad alguna. Unas cabezadas cruelmente apretadas estaban provocando desde hace días a una yegua y su potro un sufrimiento innecesario, cruel y vejatorio. No es indispensable llamar hermano a un animal, como hacía san Francisco, para percibirlo como portador de dignidad. La fotografía mostraba el cuero incrustado en la carne, convertida en herida infectada. ¿Hasta cuándo hubiera continuado el propietario con tal tortura de no actuar las autoridades sanitarias, tras la llamarada de indignación creada en las redes sociales? La Junta ha incoado expediente. ¿Qué clase de Strómboli puede hacer algo así? Cuesta aceptar que alguien capaz de tal indiferencia ante el dolor de sus animales pueda luego ser un buen marido y padre, ni siquiera un ciudadano fiable, no digamos ya conmoverse ante un atardecer o por una bella melodía.
La fotografía de la otra noticia tampoco podía ser más explícita, nos mostraba el lomo desgarrado de una yegua —aún viva— atacada por un oso, en Riolago de Babia. Pero en este caso, estamos ante el ciclo de la vida y de la muerte según las leyes de la naturaleza. En ambos casos se trata de una canción vieja como el mundo, pero es la crueldad del hombre la que nos resulta ofensiva y condenable. Por gratuita.
Algunas personas dan zarpazos. Los lanzan en el trabajo, en sus relaciones personales, en cualquier acto de la vida cotidiana. Siempre sin justificación, pues no pueden tenerla. Su crueldad permanece agazapada hasta que encuentran la ocasión para abalanzarse sobre la presa. Creen que todo es jungla. Y no es cierto, ellos son su propia selva solitaria y oscura. La fiereza humana es domesticada por el amor. Dichas noticias nos han herido como zarpazos. Algunas bestias caminan erguidas y pasean por los mismos lugares que nosotros.