PANORAMA
La redada
La pertinaz Mercedes Alaya, además de ser inasequible al desaliento, quiere dejar sin resuello a muchos aforados. Tendrá que probar, no sólo que tenían licencia para robar, sino municiones. Ha encargado el caso ERE al Tribunal Supremo para que busque, desde lo más alto, las guaridas del dinero subterráneo. A eso le llaman la «macrocausa», ya que la inspección acumula de momento no sólo a dos expresidentes de la Junta de Andalucía, o sea, a dos padres de la patria, sino a 201 de sus hijos, que hicieron causa común. Es de suponer que tendrán derecho a defenderse. ¿Dónde están sus favorecidos amigos?, y, sobre todo, ¿dónde están sus cómplices? A la gente le gusta tanto calumniar que incluso inventa calumnias verdaderas, pero el número de sospechosos es tan alto que no pueden caber ni en un banquillo ni en todas las barreras y tendidos bajos reservados para ver cómo se la juega José Tomás, que es de verdad el novio de la muerte, aunque ella le desdeñe una vez y otra.
La razonada petición de doña Mercedes alcanza veinte de sus ochenta tomos. Ya sabemos que leer es una creación dirigida, pero también los doctos miembros del Supremo tienen derecho a escoger sus lecturas y desechar los libros aburridos arrojándolos a la chimenea, como haría el detective Carvalho de Vázquez Montalbán, o bien a la piscina de su casa como hizo siempre Paco Umbral. Por cierto, que la última vez que estuve en su casa de Majadahonda aún tenía más agua que páginas sumergidas.
Hay que compadecer a los jueces, aunque no sintamos piedad por los delincuentes del ERE. ¿En qué estado de aturdimiento pueden caer después de haber leído todas las peripecias del caso que arrancó en el año 2009? Es el serial más largo de nuestra historia, no sólo de la andaluza, sino de España. El cuento de nunca acabar, ya que los imputados son inacabables, aunque antes fueran intocables. Los aforados, que eran muchedumbre, ven cómo se les acaba su extraño privilegio. ¡Vayan, pasando señores!