Diario de León
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León

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Uno no sabe por qué el verano es tiempo de certezas. O de intuición de algunas. Quizá por el retorno esporádico a las geografías de la infancia, o por los largos espacios para la conversación, quién sabe si por la transparencia que ahora se acentúa y prolonga…

Algunos raros ejemplares de esta especie política que se resiste a la extinción —¿será verdad que la función crea el órgano?— se han dignado bajar durante unos días al territorio de los mortales. Quién sabe si por pura apariencia o porque, instalado cierto miedo al desalojo de la rutina del poder —en ejercicio u oposición—, piensan en el cultivo del voto, no sea que el próximo verano lleguen a este mismo espacio en igualdad de condiciones. Claro, que a saber en qué condiciones. Algunos lo tienen crudo, después del largo calentamiento del sillón, que es lo único que han hecho en su vida. Por eso entran ahora en la línea del descrédito a oídas contra cualquier posible amenaza o apelan a la falaz idea de la regeneración democrática (¡anda, que no hay otras telas para cortar!) con lo de la lista más votada, que se repite en cadena desbordante como el ajo. Y con inaudita urgencia, lo que añade olor a podrido. ¡Firmes, ar! «La ley al servicio de los intereses», apuntó uno de los cuatro contertulios.

Nuestro personaje respiró hondo. Énfasis peripatético y la vista perdida en una nubecita esporádica e inofensiva: «Es difícil que entendáis estos intríngulis; detrás hay unas claves que no tenéis actualizadas…». El susodicho, considerado el menos despierto de aquella generación nacida en el espacio que ahora los unía, siguió hablando en difícil. Servidor, incomprensiblemente moderado, no entendía nada. Nada. Como aquella señora María a la que se refería Unamuno que cuando no entendía nada, exclamaba exultante: «¡Qué listo es este señor». Intervino un segundo contertulio, profesor de la materia por los sures peninsulares: «Si el receptor no percibe el mensaje, no hay mensaje. Esta es la trampa», a lo que contestó nuestro ejemplar: «Bueno, ese es uno de los tics de los profesores de Lengua».

Alegando urgencias los otros dos —puro eufemismo—, quedamos solos. El informe sobre la democracia española 2014 (IDE 2014) habla de la ruptura progresiva entre ciudadanos y clase política, que se aprecia fundamentalmente en dos razones –le dije-: los ciudadanos no se sienten representados en un sistema democrático que los ignora y hay un deterioro de la política por crisis institucionales específicas (léase corrupción, por ejemplo)».

En ese momento sonó su móvil. El selular , decía él, que pertenecía a una comisión de los allás americanos, de esas que Azaña calificaba de inútiles. «Ya ves, ni en verano te dejan descansar». Y desapareció. Tuve que pagar la ronda a la que él había invitado. Hay que joderse. Pero bueno, la distancia se hizo certeza: ya sabía de uno a quien no debía votar.

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