AL TRASLUZ
Modestia aparte
Ah, esos egos tuneados. «Jesucristo estaría hoy en Podemos», ha declarado sin sonrojo alguno Pablo Iglesias. Una afirmación presuntuosa, y eso que uno mismo ha escrito que Dios debe de ser del Real Madrid, pues viste siempre de blanco. Mi fanfarronada era desinteresada, no aspiro a presidir el club, ni siquiera la peña del barrio. Ha hecho tal afirmación en una reciente entrevista a «El Mundo», en la que no por estar planteada con humor deja de decir lo que dice. ¿De verdad cree que Él le habría seguido a él? Una traca de ego a la altura de Gonzalo, quien en 1977 proclamo en horrible balada «Soy bellísimo». Dado que el líder político nació un año después, ni siquiera podemos disculparlo en la influencia perniciosa del cantante sobre un fan. También en dicha entrevista cuenta, ya con gracia, que su padre le regaló con cuatro años un Sxcaletric «que yo, con esa edad, no era capaz ni de montar ni de manejar. El que jugaba era él». Ah, la sociedad de clases. El único niño de mi curso con este juego era Luis Ricardito, que para salir al encerado se ponía monóculo. Pero volvamos a sus declaraciones mesiánicas. Cierto es que respondía a una pregunta al respecto del periodista, pero alguien que le debe tanto a los medios debería saber que la entrevista política consiste en tirar la caña a ver si el pez pica. Iglesias picó. Y afirmó que, en la plenitud de los tiempos, Jesucristo hubiese estado con Podemos. ¿Y él con Jesucristo? Porque eso es lo importante.
Endiosamientos aparte, el joven eurodiputado está aglutinando un descontento social cuyo origen no hay que buscarlo sólo en la crisis de la economía. Muchas personas que se sienten desplazadas, indignadas o que le son indiferentes al sistema han comprendido que su voto importa si se suma a muchos otros. Era de cajón, pero ha sido Iglesias el que lo ha abierto.
Todos somos vanidosillos en algo, lo que nos diferencia es en qué y la intensidad. A un buen amigo le perdonas que se autoproclame mejor jugador del mus del planeta, aunque no lo sea. Y a Ronaldo que haya domingos que se pida a sí mismo una cita, pero cuando Luis XIV te espeta «El Estado soy yo», entonces, qué menos que contestarle: «Baje majestad, que sube Pablo Iglesias».