Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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¿Dónde están? Una vez más, no les oigo. Se les escuchó alto y claro, incluso haciendo eco en los vetustos pasillos de las instituciones, cuando intentaron poner puertas al campo de las redes sociales en las que proliferaron comentarios sobre la atrocidad del asesinato que conmociona a León y a los políticos. Se exigió poner nombre e imponer sanción a los anónimos opinadores. Porque ya está uno harto de que la libertad de expresión se convierta en ofensa.

¿Dónde están? A cada anécdota que surge, pública o privada que deja de serlo porque la información se comparte, le sigue legión de vilipendiadores, graciosillos de todo pelo, youtubes y zappings. No les escucho defender a otras víctimas.

¿Dónde están? Seguramente maquillando el sonrojo que les produce ver a una ministra en topless . Sí. Las ministras también tienen tetas. Y a veces las ponen al sol, no sólo en Italia. Los medios de Berlusconi difunden por todo el mundo la lozanía de su responsable de Educación. Aquí la sorpresa ha sido mía, al leer ayer con perplejidad una información que rezaba (metafóricamente hablando): «Es la primera vez que se ve a un miembro del Gobierno sin sujetador». ¡Ahora me entero que debajo de sus trajes sastre de gigolós o tecnócratas salvadores sus señorías usan liguero! Que me da igual, eso vaya por delante.

Pero ¿dónde están ahora? La semana ha sido intensa en despropósitos, ruido mediático, oportunismo e incontinencias verbales con la supuesta violación a una mujer como telón de fondo. Cualquier excusa es buena para hacerse un selfie de popularidad en el inmundo universo que todo lo compra. Una vez más se lleva el premio al cretino del momento quien por profesión, y parece que también por vocación, no es capaz de ver o entender más allá de la vagina.

Que no digo yo que sea este un problema que nos pille por sorpresa. Qué va a aportar un poliginecólogo si el Freud al que se referencian no pocos subconscientes escribió que después de 30 años de investigación no fue capaz de responder a la cuestión de qué querían las mujeres. Ni voy a entrar al trapo.

Me ofende más la zafiedad que los argumentos, que se descalifican por sí solos. Me ofende la reincidencia en el desatino. El desparpajo chulesco de quien pone en la balanza una y otra vez su peso en votos. La cobardía y el silencio de quienes una y otra vez se dejan comprar al peso. Me indigna la miseria moral, intelectual y de res pública de quienes, ahora sí, callan ante la infamia proclamada a voz en grito. ¿Dónde están? No les oigo.

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