Diario de León
Álvaro Caballero
León

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Si es que nos sobran para exportar. Se le ocurre a uno pegar una patada y aparece un político leonés con méritos suficientes para entrar en la historia del pensamiento moderno, aunque por la puerta de atrás. Por ahí se ha colado esta semana el concejal de Cultura del Ayuntamiento de León, Juan Pablo García Valadés, para justificar que se abandonará el festival internacional de órgano Catedral de León porque ya se ha conseguido el órgano. Una nueva corriente filosófica que, de asentarse como patrón de comportamiento en la institución, nos dejará sin frecuencias de trenes de Feve ni AVE cuando se completen las integraciones, sin congresos cuando hayan tuneado la vieja azucarera con una factura de cerca de 70 millones y, Dios no lo quiera, sin parlamentarismo cuando de una vez por todas encontremos la cuna en la que mecer el desarrollo de León, a partir de cuatro carteles a la entrada de la ciudad y un estribillo machacón para repetir en los actos públicos. El planteamiento infantiloide, que pasa por olvidar el juguete una vez que se ha conseguido, cuadra con la política cultural del Ayuntamiento durante todo el mandato, amén de la muerte por inanición impuesta por la Junta al Musac. Lejos de la estrategia del PSOE, que formó una camarilla de adeptos a su alrededor para repartir el dinero y los favores, el PP se ha abandonado a la indolencia hasta convertirse en una central de préstamo de dependencias para exposiciones u conciertos, sin ninguna iniciativa, ni ambición, ni imaginación, amparado siempre en la falta de fondos para encubrir la incompetencia y la vagancia de sus responsables. No hay dinero, qué vamos a hacer, repiten los gestores del área, mientras cobran muy bien por buscar soluciones, no por generar problemas. El paisaje se mantiene gracias a las iniciativas de grupos culturales, fundaciones y salas independientes que dan contenido al vacío institucional, en el que a pesar de ello crecen escritores, artistas y bandas. Un caldo de cultivo en el que muchas veces el talento es inverso a la visibilidad mediática, con esa capacidad tan leonesa para el compadreo en el esconderse detrás de la tapia a esperar a que pase el vecino y poder tirarle la piedra; ese modo para medrar que tienen los mediocres.

¿Para qué se necesita un festival si ya hay órgano? Si no saben contestarse solos, no se les puede enseñar. Abundan los órganos infrautilizados.

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