LEÓN EN VERSO
Septiembre
Lecciones de un verano enrevesado, en el que terminaron por descubrir el riesgo de que cuatro de cada diez sea mayoría absoluta, un siete, la nota de aprobado para los desheredados y un billón de euros en números rojos el iceberg de la luz que se ve al final del túnel. Razón de más para reflexionar antes de que se eche encima el nuevo curso político, y los índices de audiencia del Aló Presidente nos aboquen al mensaje masticado, a las digestiones suaves, a las órdenes de los serviles a las que tan dados somos en León. Hay mensajes encriptados entre los cantos rodados de la muralla, para leer con tiempo que debes averiguar quien manda en las cosas, y fingir que crees a quien manda en las palabras. Que si la cobardía es una opción y el miedo un estado, no hay aprensión que iguale al pavor que sienten algunos a que caiga la máscara antes de que se cierre el telón. Está por inventar un antídoto contra las frustraciones que suceden a ese intervalo de quietud que trae el estío y termina generalmente estazado en el muro del otoño, cuando logra superar ese abrupto regreso a la realidad que acompaña a septiembre, que no deja de ser un paréntesis yermo de emociones. Septiembre es cuando descubrimos en las revistas de las salas de espera todo lo que sucedió desde 1995, cuando creíamos que lo único relevante era un empaste para el tercer molar, en letargo tras aguantar el aliento del helado de tres chocolates y el gintonic con extra de hielo y de verbenas. Se aproxima la hora de comprobar si lo que se ve es igual a lo que se profesa, y a su vez idéntico a lo que pasa. En una situación extrema, queda la ciencia para rebatir preguntas que asalten en las madrugadas de insomnios con las facturas que aporrean la puerta de la cuenta corriente al descubierto y el intelecto despojado para soportar las respuestas. Se avecinan tiempos de luchas internas sin recursos que embriden el rescate de esa quietud de occidente que ha empujado a la sociedad a esta encrucijada en la que no sabe qué camino elegir, el remedio en el que creer; creer, como los predicadores que depositan su fe de los sábados en que les abran la puerta cuando llaman al timbre o creer en las soluciones como las que traen las copiadoras en tres dimensiones, que permiten quemar el último deseo en implorar millones de deseos más. Te sientas a tomar un café con septiembre y enero te parece un repechín, una costana.