LEÓN EN VERSO
Rodiezmo
La cúspide de las políticas colectivas y comunitarias en León debería tomar referencias y hasta el logotipo de la seguridad social y señalar cada año una convención para dar a conocer todos los milagros que derivan de la aportación del sistema de pensiones. Un expositor de urgencias y necesidades primarias que cubre la paga que a duras penas supera el salario mínimo interprofesional; los apuros que evita, el insomnio que sortea. La pensión es el único ingrediente que evita que la crisis horade de forma definitiva a cientos de familias, aisladas sin las perspectivas de empleo y sin otro incentivo que las dosis extra de fe que encuentra cada mañana para seguir adelante. Los ministerios de las economías deberían añadir otro parámetro a las aportaciones estadísticas que cada mes confeccionan y moldean en forma de radiografía de la sociedad. La pensión que asumió la función de financiar descansos en lugares paradisíacos se ofrece ahora como auxilio de vicisitudes, como remedio de la recesión, como solución de un brete que tiene atrapada a la gente en el mejor momento de su vida. Cuántas bocas, cuántos ayes, cuántas aflicciones rescata la pensión de los abuelos, que en su concepto primigenio se habilitó como fianza del sistema de bienestar social, proteccionista y correspondiente con las generaciones que se agrietaron las manos de trabajar para sacar una generación adelante. Ese escenario también tiene el mal de la Apocalipsis en León, que todo lo reparte entre fechas de caducidad o tiempo preferente de consumo. Las clases pasivas superarán a los cotizantes y a la vuelta de cualquier esquina del próximo resfriado económico se perderá hasta el ánimo de alcanzar la jubilación con las garantías y las condiciones que conocemos intacto. Hay tal vínculo, que no es el sistema el que pone en solfa a las pensiones; es que sin pensiones perecería el sistema. La relación entre ocupados y jubilados evidencia que el final del mundo está próximo. No del mundo que aprendimos a medir por las salidas y las puestas de sol; no. El mundo que conocemos, el de las necesidades cubiertas. El título de las redacciones que Zapatero leía en Rodiezmo cada inicio de septiembre eran las pensiones, que siempre subían el doble, y las mínimas el doble del doble. Los sollozos por los puentes de Madison se quedarán en anécdota junto a la llantina incontenible ante el puente a la jubilación.