Diario de León
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León

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E l ocaso de los dioses es una de las mejores obras de Wagner. Wagner, con gran pesimismo, nos expone que la utopía es irrealizable. Que la acumulación de poder produce abuso del afortunado y el odio del desposeído que tan corrompidos pueden ser la defensa que hace de sí el propietario como el asalto de la famélica legión que la política destroza la palabra. Pues la palabra ya no es vehículo de comunicación, sino de ambigüedad y confusión y, que un mundo así, ha de expirar y perecer sin remisión posible.

Hay críticos que acusan a Wagner de haber sido un nacionalista ortodoxo, y ¿qué tiene de malo? Es que ¿a un nacionalista hay que mandarlo a galeras? Unamuno era periférico, nacionalista, «los nacionalismos se curan viajando decía» y fue muy crítico y se enfrentó al sistema, nacido de una contienda, pero nunca renunció a sus principios demócratas ni a su esencia como ciudadano español. Wagner no fue causa de que Hitler ganara las elecciones. No fue causa de que el radicalismo hitleriano arrastrara a Alemania, una vez más, a una catástrofe.

Wagner si puede ser el principio y fin de una realidad que se está degenerando, fomentando en la Hispania Ulterior y Citerior que dividieron los romanos para su administración.

El mapa político español tiene mucho de wagneriano y tiene muy poco de Unamuno. Nace una Constitución consensuada pero fácil para la interpretación y muy reversible para aquellos partidos que se blindaron a lo largo de una democracia hecha a su medida. Porque esta democracia que se aplica no es lo opuesto a la dictadura. Sencillamente es una dictadura de la mayoría.

La Constitución española per se no es la culpable de los males que acontecen en este país. El abuso que han hecho y hacen de la misma es el principio y leitmotiv de la crisis. El bipartidismo no es malo. Lo hacen defectuoso los que lo manipulan. El bipartidismo es progreso en Estados Unidos: Republicanos y Demócratas. La alternancia en el poder: de conservadores y laboristas es positivo en Inglaterra. El bipartidismo es una locomotora en Alemania: Cristianos demócratas y socialdemócratas, y así en la mayoría de los países de la Unión Europea.

El bipartidismo español ha entrado en la fase del crepúsculo. Ha entrado en fase de la muerte de los dioses. Esos dioses a los que idolatran o idolatraron. Como eran de conveniencia, los dioses no eran divinos, eran de interés humano.

Ahora nos encontramos que la Constitución no se aplica con consenso, se está aplicando con el mejor sentido común de algunos, pero que desgraciadamente dominan a la mayoría. El pueblo español confió en los salvadores de la patria. El pueblo español quería libertad. Todos queríamos participar de la vida política.

Muchos líderes de entonces tuvieron sentido de Estado. Unos se fueron, otros ahí están. Algunos heredaron una inmensa fortuna. Como el hijo bíblico, las despilfarraron. Pero con una diferencia, aquél se arrepintió. Vino a su padre le pidió perdón y todo fue alborozo y alegría. Pero los de hoy, se llevaron la herencia, se han enriquecido y no la devuelven. Ni van a las zahúrdas a pagar sus culpas. Deambulan por las calles y alamedas cuales modelos de pasarela. Unos, para ser adorados, otros, para rendirles pleitesía, en especial, los favorecidos, los que tuvieron padrino para ocupar el puesto del deseo. No importa el talento. No importa la valía lo que importa es tener un súbdito más y, como los señores feudales, ocupar los feudos de la rota madre patria

Ninguna época de la historia está libre del estigma de la corrupción. La Roma de los emperadores no estaba exenta. Por el poder de Roma se mataba, por el poder de Roma se justificaba todo, por el poder de Roma se sometía a las mujeres, se sometía al pueblo. Roma dominó Occidente. Roma dominó Oriente, pero Roma no fue vencida por las armas, a Roma la vencieron los vicios. Todo por los dioses. Pero los dioses no eran divinos. Eran un invento de los hombres. Era invento de los aprovechados. Era el beneficio para justificar mi poder, mi ambición, mi corte. Tener súbditos, justificar mis vicios, justificar mi depredador enriquecimiento

Estos dioses del siglo XXI fueron y son causa de la decadencia, de la crisis actual. Crearon mini estados, feudos, organizaron el poder. Crearon una tropa de súbditos, leviteros, ganapanes con la condición de rendir pleitesía al gran señor de la tribu. Y como Reinos de Taifas, se erigen pequeños Califas, que delimitan su poder y justifican sus hechos y tropelías. Son los asaltadores de caminos que bajo la protección de las divinidades justifican el robo, la opulencia y amasan ingentes fortunas sin arriesgar. Porque nunca trabajaron. Nunca sacaron una oposición porque tenían al político-padrino. No tuvieron que pagar salarios. Sus empresas no hacen eres. Nunca están en riesgo Todo es y fue éxito empresarial.

Hoy, como ocurría en Roma, aparecen los nuevos sacerdotes rituales y, como los novensides, divinidades a los que se rinde culto, se introducen en la sociedad como nuevos profetas y dioses que van a solucionar los problemas. Pero estos nuevos dioses son los que provocaron las crisis. Que arruinaron el Estado, las cajas de ahorro etc. Que están justificando sus tropelías, Estos nuevos dioses creen que como la diosa Fortuna van a erigirse en salvadores de la patria. No. Estos nuevos dioses son oportunistas, son la justificación de la crisis. Son la justificación de preparar un futuro para una nueva casta. No nos van a conducir a la tierra prometida, nos van a conducir al fracaso del Imperio.

En esta España, maltrecha, depauperada, se ven hijos pródigos que caminan por los polvorientos caminos. En esta España donde los talentos se van. Donde la desesperación llega al abatimiento, aparecen nuevos dioses que prometen a millones de españoles que van a alcanzar la tierra prometida.

Ha llegado el ocaso de los dioses. Muchos dioses llevan en política toda una vida. ¿Para qué? Para servir al gran Jefe. Cuántos dioses, para que el pueblo siga bajo estas trasnochadas divinidades.

Que no aparezcan los nuevos dioses a los que podemos llamar salvadores de la patria. No a los falsos dioses y no a los nuevos profetas-Pero el pueblo hablará y ¿cómo? En la desesperación se produce lucha. Hobbes decía «homo hominis lupus est». Un hombre es un lobo para otro hombre. Los sucesores del imperio romano, no vinieron en son de paz. Eran los vándalos que asolaron el solar patrio.

Y si tenemos que adorar a nuevos dioses que sea a Libertas, diosa de la libertad y de los libertos o a Inuus: dios de la fertilidad o Aequitas: diosa del comercio justo.

No olvidemos a Wagner. La palabra, cargada de demagogia, ya no es camino de comunicación. Hace falta líderes que sólo tengan como meta: salvar la patria y liberarnos de tanta bazofia auspiciada por los falsos dioses.

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