LEÓN EN VERSO
Vadinienses
De las biografías que alumbran la trayectoria de la generación espontánea de políticos que surgió en los noventa de las cenizas de la montaña del Esla, de las bofetadas y la saña que empleó el gobierno felipista, del hundimiento y cierre, resulta redundante incidir en el éxito en el que desembocó la del alcalde de León. La semblanza del segundo protagonista de aquella eclosión no es apta para pipiolos; por las hazañas que firma el sujeto desde entonces, merece que las referencias se reserven para gente como Saviano, o Camilleri. La tercera historia en danza de aquel brote inédito de los noventa interesa por la persistencia del protagonista; el trato con Pedro Alvarado, como con Matías Llorente, aconseja dejarlo para el final, como leer a Jabois y Enric González, o a Gistau, y así evitar que el resto del periódico resulte una ñoñería. La obra de Alvarado tampoco va a figurar este año en la relación de diplomas que reparte la máquina autonómica entre adeptos y profetas. Por eso. Porque no comulgó con las piedras de molino que en forma de ostias repartían tras las homilías con las que moldearon la resistencia y la adicción al sistema. Y como resistió, resiste. Con menos ejército, sí, que compensa con la fidelidad mutua que comparte con la gente que oh, milagro, sigue activa. La obra de Alvarado se llama cooperativa, que es paradoja en León, tierra en la que tras nacer y lanzarte contra una piedra te adiestran en el individualismo con un plan de entrenamiento espartano. Por eso, la entrada en la cadena de consumo de un queso del pastor leonés debería haberse celebrado como merecen los goles que valen una permanencia, de pie en la grada de general; y las rutas del camión del pienso entre explotaciones ganaderas con la intensidad que recibe en los boxes la entrada del fórmula. Son gestas silenciosas que no se miden en las urnas y que evitan que en los confines sufran esa sensación general de colonia despreciada y abandono que traza el gesto adusto y la esperanza de los rostros de la gente. Tendrán que retirarle el pie entre el umbral y el faldón para lograr dar ese portazo que intentan sin rubor desde hace treinta años, que se sepa. La cuna del Esla meció otras vidas políticas que llevan impregnado el carácter de William Wallace vadiniense; miren de dónde viene el que insufla vida a Villarrubia en León; o áquel que bastante tuvo con impedir que la UPL muriera en el quirófano.