PANORAMA
Insoportable prepotencia
La impostada actuación del ex president de la Generalitat, el en tiempos honorable Jordi Pujol, no sólo supuso una burla a los diputados catalanes, fue un alarde de insoportable prepotencia. Aconsejado por sus abogados practicó el esquema de que la mejor defensa es un ataque y se permitió gritar a la oposición como si fueran niños de escuela. Tan patética comparecencia obligará a crear una comisión de investigación de la que su partido huía como de la peste.
Todos los intentos de Artur Mas, tratando de convencer a Oriol Junqueras de que se sumara a CIU para cerrar el paso a la citada comisión, los ha tirado por tierra el hombre que ayer acusó al resto de fuerzas políticas de estar atacando a Convergencia.
Sólo intentó, de malas maneras, salvarse él y su familia. Lo único que al parecer ha considerado «sagrado» durante toda su vida política. Antes de empezar a gritar trazó un relato sentimental de como el dinero de la herencia de su padre había llegado hasta los bancos de Andorra desde la laboriosidad de un empresario catalán que no se fiaba de las andanzas políticas de su hijo. Todo muy conmovedor y escasamente creíble. No contestó preguntas. No explicó como su amplia familia no encontró un minuto para regularizar ese dinero del generoso abuelo. Eso sí, creyó que una vez más iba a apabullar a sus conciudadanos apelando a su lucha por obtener dinero para «construir» Cataluña. Una vez más minusváloro el fraude al fisco cometido por él y su familia tratándolo de tema menor comparado con sus denodados esfuerzos por defender la libertad a su patria. No cuela. Ni siquiera la fiscalía se cree tan pintoresco enriquecimiento familiar.
Pujol le quitó la espita a una bomba de relojería que va a estallar, si ERC no lo impide, en el corazón de una siglas ya profundamente divididas por el giro independentista de sus dirigentes.
La comisión de investigación, que el resto de fuerzas de Cataluña se ven abocadas a exigir, puede sacar a la luz una trama de corrupción que va mucho más allá de la familia Pujol. De momento alcanza a dos de los hermanos del consejero Puig, pero se corre el riesgo de que alcance al propio Mas.
Una comisión de investigación que trabaje con rigor puede evidenciar que no era España quien robaba sino que los catalanes tenían a los ladrones en su propia casa. Pero, es ese riesgo, el de abrir en canal toda una época y las responsabilidades trasversales del resto de las fuerzas políticas lo que va a salvar a Artur Mas. Entre todos evitarán que las vergüenzas salgan a la luz.