Diario de León

TRIBUNA

¿Ser o no ser?, ¡pensar es la cuestión!

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León

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Grandes amigos he tenido a lo largo de mi vida, de ideologías distintas y muy contrarias, extremistas en algunos casos de las dos Españas opuestas, pero con muchos de ellos independientemente del bando al que pertenecieran, me he reído, he llorado y me he emocionado, han formado y forman parte de mi historia, piensan de forma distinta pero son y serán mis amigos.

Observo la creciente influencia que sobre todos nosotros tienen los medios de comunicación, el marketing, no solo empresarial, también político y social, ejercido por cada vez más grupúsculos con grandes intereses manipuladores. Guiados en la mayoría de los casos por Don Dinero, por ambición o por el ansia de poder, nos conducen paso a paso y sin darnos cuenta hacia la confrontación y el secesionismo. Hay que ser, hay que pronunciarse, encasillarse a un lado o a otro, Barça o Madrid, derecha o izquierda, IOS o Android; y una vez manifestados, hay que seguir las letanías que nos marcan los líderes, los profetas que nos aseguran la verdad de sus religiones y la maldad de la de los demás.

Solo unos pueden ser los ganadores y los demás necesariamente han de ser los perdedores, y en esta cruenta lucha, no quieren que reflexionemos, ni que nos planteemos si realmente nuestra elección es la única y verdadera o si la de los demás tiene algo de bueno y positivo. Nos quieren educar para no traicionar lo que nos venden y así hacernos seguidores inquebrantables de sus trampas y mentiras, evitando que aprendamos a discernir, a pensar por nosotros mismos, su doctrina es simple «lo nuestro es bueno, lo otro malo, si te tocas un pie, conservador, si te rascas la oreja, demócrata. Y que no te pique la oreja si eres conservador, ¡Estás jodido!».

Hace mucho tiempo que no escucho otra cosa de la clase política que no sea el reproche, el insulto y la descalificación, confrontación al fin y al cabo. No se discuten ideas, planes, proyectos. No se plantean trabajar en común, no hablan de lo que a los ciudadanos nos conviene, no razonan si en una partida presupuestaria es mejor gastar 8 que 80 o si la propuesta que hace la oposición puede ser positiva para el ciudadano o no. Lo que proponen unos jamás lo votan los otros —salvo que sea políticamente incorrecto no hacerlo— y lo que hacen los otros jamás lo apoyan los unos. ¡Y que a alguien se le ocurra salirse del redil!, solo hay que ser de éstos de aquellos o de los otros.

Lo único que les importa es la mitad más uno, eso es por lo que se mueve la política. Decisiones trascendentales que pueden afectar a los intereses de todos, son tomadas como un juego, si tienes ese uno más ganas y si no pierdes. Esto es baladí, e incluso está fetén para decidir si el cuarto de baño lo pintamos de azul cielo o de azul marino, pero si lo que hay que decidir es, p. e., si sigo perteneciendo o no a un país determinado, no parece muy cabal, sobre todo cuando el CIS, su barómetro, su sonómetro, o Perico el de mi barrio que hace encuestas, te dice que quizá se decida por el uno que pasa de la mitad, y si además tenemos en cuenta que el resultado de esa votación tendrá un efecto incierto, parece una locura sin igual plantearse siquiera la posibilidad de preguntar.

Pero, si mereciera la pena hacerlo, si eso realmente fuera lo correcto, si se decidiera y después se llevara a cabo la segregación del territorio caso de que fuera ese el resultado. ¿Cómo queda el cincuenta menos uno?, ¿serán entonces ellos los que se manifiesten?, ¿los que le den a la sesera del marketing?, ¿los que organicen «uves», cadenas humanas y demás atracciones de feria hasta que se tornen las tornas ya tornadas?

«El que juega con fuego se quema», eso hemos aprendido todos desde que éramos pequeñitos. Pues parece que en nuestro país de lazarillos, de autonomías de taifas, de mentes cortas y manos largas, alguien se ha olvidado de ésta regla elemental, que no es de juego sino de sentido común. En un momento en el que el remar, todos juntos y a una, nos puede hacer ganar la carrera de la recuperación, a las mentes brillantes de nuestro país se les ocurre meterse en estos lodos, unos proponiéndolo, y los demás permitiéndolo. Siguiendo a aquellos profetas, nos encasillamos en las ideas predichas, preclaras, obvias y elocuentes que nos quieren transmitir sin barajar la posibilidad de otras opciones; posiciones oportunistas, inflexibles o demagogas que nada bueno nos han de traer.

Me pregunto si es que ya han conseguido embaucarnos, y no somos más que triste populacho adoctrinado que cree creer en aquello que les cuentan, si tenemos cero neuronas propias en el cerebro y repetimos y repetimos como papagayos aquello que escuchamos por boca de nuestros actuales políticos, o si a pesar de todo seguimos siendo librepensadores de verdad, que decidimos en base a conciencia lo que queremos y que respetamos y tenemos en cuenta a aquellos que sencillamente van a trabajar todos los días, se hacen un cigarro de liar, saludan a la vecina/o del quinto y vuelven a su casa a leer una novela, y no quieren que les toquen los «aquellos», con que si son nación, país o población, del Barça o del Español, de IOS o de Android porque lo que desean es poder comprar una novela, volver a casa, liarse con la vecina/o del quinto, fumarse el cigarrillo e irse a trabajar. Y por encima de todas las cosas reír, llorar y emocionarse con los amigos, aunque piensen de otra manera.

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