Diario de León

HOJAS DE CHOPO

Señor rector: literatura

Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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Señor rector, con el debido respeto añadido al que le profeso, me amparo hoy en propuestas explicitadas en las últimas elecciones al Rectorado de nuestra universidad. Me refiero, en concreto, a la que hablaba de la conversión en compromiso y motor con/de la sociedad leonesa, tan azotada y desprotegida incluso por alguno de los que le habían jurado amor eterno. Hay amores que matan y palabras que, a la larga, se convierten en dardos. Lo que ocurre es que el cinismo invasor pone en entredicho las hemerotecas, reinterpretándolas o envolviéndolas en esos galimatías que nadie es capaz de descifrar. Repasar las frases gloriosas y las promesas al calor de los focos en el entorno de los multitudinarios congresos sobre literatura leonesa (léase escrita por leoneses) debería sonrojar a no pocos. Pero no pasa nada, acostumbrados como estamos a las liquidaciones, no digamos culturales, que, además, no provocan el más mínimo sonrojo o, en el mejor de los casos, la sonrisa pícara y cazurra de quien siente satisfacción de haberse salido con la suya.

De esto quería hablar, señor rector. De literatura. Usted conoce muy bien —y lo demostró en el discurso de investidura como doctores honoris causa de Mateo y Merino, entre otros— el magnífico panorama de escritores leoneses que se dan cita en este momento histórico. Inaudito y curioso. Y conoce el interés que provoca en las geografías más impensadas. Conoce, quizá como el más cercano de esos intereses, el de la universidad de Transylvania, con sus diversas colaboraciones, al frente de cuyo proyecto —una gran antología crítica de la literatura leonesa— está la catedrática Verónica Dean-Thacker: «En la literatura leonesa —dice— se encuentra algo especial…, una especie de nobleza, una mezcla de dignidad, humildad y creatividad que enseguida atrae y absorbe al lector».

Uno siente gran satisfacción al ver que nuestra literatura es valorada, y cómo, fuera de nuestros límites geográficos y lingüísticos. El anecdotario de la propia realidad no tendría fin. Al margen del desoído Museo de Escritores Leoneses —no pocos apuntaban la Casa del Peregrino como sede—, con pérdidas ya irreparables por la clásica indefinición, no estaría mal que nuestra universidad, señor rector, liderase conocimiento y difusión de este hecho literario mediante una cátedra, o similar, de las Letras Leonesas —soy ajeno a nominalismos y zarandajas de semejante ralea— que encierre otras actividades llevadas también a la calle, donde se patrimonializan y difunden los saberes, alejados de capillas y personalismos, y que persiga la no tan utópica declaración de Ciudad o Tierra Literaria, que tanto prestigio y bienes supondría. Viniendo de la universidad, que tiene en su nómina a las personas idóneas, estoy seguro de que sería un proyecto riguroso y benéfico. Necesario, señor rector. Con todos mis respetos.

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