AL TRASLUZ
Ciudad feliz
Según la Asociación Leonesa de Comercio (Aleco), las ciudades más felices son aquellas cuyos comercios no abren domingos ni festivos, pues permiten compaginar la vida laboral con la familiar. No les falta razón. Cuestionan además que sean reales las cifras del INE sobre pernoctación de viajeros, que han llevado a que León esté clasificada como zona de gran afluencia turística (ZGAT). En esto ya no puedo dársela ni quitársela, sólo puedo decir que ayer mismo me crucé con tres japoneses y un matrimonio con cara de ser de Murcia. El debate, pues, admite interpretaciones. Por una parte, una ciudad con ambición de ser gran receptora del llamado turismo cultural, es decir de aquellos turistas que no entran con flotador en los museos, ha de ofrecer posibilidades de comprar en cualquier día de la semana, aunque no necesariamente en cada esquina. Por otra, ¿cuánto cuesta al empresario llevar a cabo este servicio?, ¿le compensa al empleado trabajarlo, tanto a su nómina como a su felicidad? En lo que a mí concierne, disfruto más los domingos desde que me he impuesto descansar ese día del teclado, así la musa me baile la danza de los siete velos. Claro que desde entonces mi mujer se aprovecha. «Como no estás haciendo nada, ¿por qué no ordenas el despacho?». Todo tiene su letra pequeña, incluido el matrimonio. Y uno exclama: «¡quién tuviera una tienda de ultramarinos, de esas que abren los domingos!». Ella enseguida me pone en su sitio: «¡Si, hombre, para que te zampases la cecina!».
¿Liberación de horarios para zonas con mucho turismo? Los interesados hacen sus números, pero el corazón también cuenta. El beneficio comercial admite decimales; la felicidad, no siempre. Tampoco llamemos progreso a volver a los tiempos de Espartaco. Uno de los retos que plantea la crisis es la de la humanización de la economía y de las relaciones laborales. Hay que hallar nuevas fórmulas de gestión, que a la vez que rentables sean más humanas. Ciudades felices, no cementerios vivientes para consumidores compulsivos.
Otro cantar es ya el de quienes por vicio trabajan domingos y festivos. Algunos con tal de no ordenar el despacho de casa son capaces, ay, de abrir la trapa del comercio que no tienen.