HOJAS DE CHOPO
El Planeta en León
El próximo miércoles se falla, como cada año, y con este van sesenta y tres, el Premio Planeta. Día de Santa Teresa. Barcelona se viste de gala literaria para una ocasión en que, en realidad, se celebra la Fiesta de la Lectura, que no en vano los orígenes del premio anclan sus raíces en la fortaleza de esta carencia. Eran tiempos oscuros y el Planeta consiguió —y sigue haciéndolo— abrir la mirada a otras necesidades. La popularización del libro y la lectura como posibilidad tuvo una trascendencia definitiva en las inquietudes de los españoles, sometidas la mayor parte a las durezas del régimen y de las circunstancias históricas. Y también, cómo no, este y otros premios siguen siendo un acicate para mantener viva, tensa, la pasión creadora, tan necesaria en nuestra sociedad.
Con esta perspectiva histórica, las visiones del Planeta pueden multiplicarse sin límites. Pongamos por caso, el punto de vista de la evolución de los cambiantes y perceptibles temas novelados, que ofrecen, por tanto, un perfil sociológico de la literatura. O la variada presencia de autores y el punto de inflexión que supuso el premio en el contexto de su obra. En el caso cercano de la geografía leonesa, sería buen motivo para una notable y curiosa tesis el reconocimiento del paisaje como escenario de diversas tramas de no pocas de las novelas premiadas, hecho que genera amplitud de miras, con una visión más amplia si abrimos la intención sin restricciones. Un hecho para explicar y unos ejes que, sin duda, vertebran las razones de estas presencias.
Como de lectura hablamos, es buen momento para predicarla con la de nuestros escritores en el Planeta (por cierto, en esta convocatoria cinco originales tienen matasello leonés). En primer lugar, con tres profundamente vinculados a nosotros: Tomás Salvador, autor de la novela tan nuestra Cuerda de presos , obtuvo el premio (1960) con El atentado . Jesús Fernández Santos, con algunos títulos tan arraigados en esta tierra, fue el ganador en 1982: Jaque a la dama . Dos años más tarde sería finalista Raúl Guerra Garrido con la tan berciana novela El año del wolfram .
Ya hay aquí motivos más que suficientes para la lectura, con las correspondientes derivaciones de autor. Y con otros dos nacidos en esta tierra. El injustamente olvidado Severiano Fernández Nicolás fue finalista en la primera convocatoria (1952) con Tierra de promisión , una novela de hondas raíces en la que se presenta el antagonismo, aun siendo indispensables, entre el campo y la ciudad. Jesús Torbado fue el Planeta de 1976: En el día de hoy arranca de una hipótesis novelesca muy sugestiva, el humor y la ironía suavizan el ambiente de posguerra convirtiéndose en una de las novelas más originales de la guerra civil española.
En este otoño, que deseo soleado y cromático, hay títulos para elegir. El Planeta ofrece múltiples posibilidades.