CORNADA DE LOBO
El trato, la clave
Tengo que acordarme necesariamente de Ramonín cada vez que me preguntan por el potencial turístico de estas tierras, por estas riquezas naturales, históricas y culturales que nos sirven más para llenarnos la boca de orgullo paleto que para sacarle buenas cosechas al cultivo de turistas, ese que acabará siendo monocultivo en tantos lugares nuestros donde agricultores, mineros o ganaderos son sólo fósiles y ya no hay allí más faena o afán que contar musarañas o rimar la palinodia de la quejumbre.
En su Casa Divi demostraba Ramonín que, en hostelería, tan importante o más que el plato es siempre el trato. Es decir, uno vuelve a donde le tratan bien. Es la clave.
Puedes conocer el lugar más asombroso, el paisaje más de pasmar o exóticos mundos, pero si no recibes un buen trato en esos lugares es muy probable que no vuelvas jamás, sobran nuevos destinos en la agencia de viajes y más baratos. Pero si no siendo asombroso un lugar, tiene gente atenta, alegre y amena o divertida, se hará por volver ahí... y es que cuando uno paga por hospedarse o vacar sólo pide atención, hospitalidad... y que al menos parezca que se alegran de verte.
Eso es el trato.
Quizá por ello los que se ocupan de la política turística deberían averiguar cuántos de los visitantes que se acercan o caen al azar por aquí deciden volver algún día y cuántos no lo harían nunca porque en algún aspecto (o en más de uno) su experiencia viajera o vacacional les resultó decepcionante o penosa. O se averiguan estos extremos o seguirá gobernando este asunto un palo de ciego puesto en nómina.
¿Se distingue León por el trato al viajero o seguimos con la inveterada norma de «al ave de paso, cañazo»?... ¿y dónde se aprende el oficio de hostelero?... pues mayormente no hay enseñanza y a capar se aprende capando (ya nos vale), aunque en el último franquismo se montó una escuela de cocina y hostelería en La Bañeza que se fue al tacho (¿ya intuían entonces que nuestro destino sería el de camareros?). Ha de cuidarse el trato y nuestra fama de aspereza cazurra no se conjura con poner una tía con tetas en la barra.