Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

Creado:

Actualizado:

Me encanta mi barrio, articulado por ese Paseo de la Condesa que fue, décadas atrás, centro de reunión social para el mundo del ayer, empeñado en un juego de coqueteos que hacían de la vida el mejor de los festejos. Distintos recuerdos amables acompañan a los establecimientos aquí ubicados: el Negresco, frecuentado por los alemanes de la Legión Cóndor, o el Universal, cabaret por excelencia al que acudía un público ávido de carnes femeninas y emociones fuertes. Aquellas referencias del pasado irían cayendo en el olvido, sustituidas por cafeterías de tanto tronío como el Boulevard o el Peregrino. Y junto a ellas, un escogido ramillete de propuestas que llevan el nombre de Horno de León, atendido en la barra por dos mujeres de rompe y rasga: la exuberante Azucena, dueña de la sonrisa más bonita del lugar, y la bella Elena con sus adorables manos galleteras. O Amor Verdadero, cuyo sugestivo rótulo anticipa el trato que recibe su clientela a base de exquisiteces gastronómicas de mucho postín.

En la explanada de San Marcos se halla el kiosco de mi amigo Luis, aquejado de cierta desesperanza debido al estado que presenta el majestuoso plátano que va para centenario y es símbolo de identidad. Plantado en la década de los 30, uno de sus troncos de ramas ofrece un aspecto mustio y pachucho, quizá debido a las corrientes del salto de agua del río o a la barbarie humana. A decir de Pepín Muñiz, que a pesar de su vocación cosmopolita presume de raíces campestres, nada que no pueda sanar un tratamiento a base de polvos de minerales. Otras versiones mantienen que su desmejora se debe a tener como vecinos a los mástiles con banderas convertidas ahora en trapos raídos y desgarrados que se caen a pedazos. Parece que, en vez de estar en la cuna del parlamentarismo, vivimos en la trapisonda de la pobretería. Lo arreglen, porfa.

tracking