TRIBUNA
Otro cisne negro empresarial
Apesar de que León pierde cada día interés como destino empresarial e inversor, lo cierto es que no deja de darse la paradoja de que, de vez en cuando, y muchas veces contra toda lógica, se presentan posibilidades ciertas de inversión en forma de proyectos empresariales y más de vez en cuando, pueden significar auténticos polos de atracción y de desarrollo. A pesar de su rareza, «cisnes negros» que diría Nassin N. Taleb, todos tienen una característica común: que no se materializan por diversas circunstancias y lo que era una posibilidad se convierte en frustración: Renault, Biomédica, Escuela de Pilotos, … grandes proyectos, grandes esperanzas, y grandísimas frustraciones.
Recientemente ha llegado a mi conocimiento otro cisne negro, otra excepción en el devenir pausado, tranquilo de la vida empresarial de nuestra provincia, se trata de la Empresa Endaki-Tecnocast. Poco podía pensar yo que allí, detrás de Cementos, se escondía el horno más poderoso de Europa, preparado para crear grandes piezas de metal y que podía dar trabajo directo a más de 250 personas. Pero menos incluso, podía aventurarme a creer que podía constituirse como el núcleo generador del cluster eólico de Léon, capitaneado por la multinacional Vestas en el polígono de Villadangos.
Y como soy curioso, he ido indagando la situación de dicha empresa, del cluster y de las posibilidades que pudieran darse. Para empezar una mala, —noticia, se entiende—, Endaki está en concurso de acreedores: fase de adjudicación; pues vaya con la empresa, no va a ser tan, tan. Y ¿quién puja? Dos grandes multinacionales, una alemana VTC y otra francesa Safe. Las dos compañías son auténticos colosos metalúrgicos, cierto es que aquel más que Éste. «Bueno, —pensé yo— al final no será tan mala si se pelean por ella estos dos bichos». El problema es que los alemanes acaban de retirarse, huelen litigios y ellos muy prudentes abandonan cualquier tinglado jurídico de los países mediterráneos, no los entienden, los franceses en cambio se encuentran más adaptados, con un sistema similar saben que hay que esperar con calma, la justicia es lenta, ya caerá la fruta por madura. Y así llegamos a que es la única oferta viable existente a día de hoy.
El problema es que con la retirada de la oferta alemana se evapora el «cluster eólico leonés» quedando como única candidata la francesa Safe, fabricante entre otras cosas de la pinza de metal que tenemos en los cinturones de seguridad de nuestros coches, y su proyecto enfocado a la producción de pequeñas piezas, un mercado con exceso de oferta y por ende mucho más competitivo tanto en precio como en calidad; con lo que la viabilidad futura de dicha planta es bastante más dudosa porque pierde su principal ventaja competitiva: el tamaño de sus hornos y sus economías de escala, convirtiéndose en una más dentro del conglomerado fabril de la matriz. La diferencia entre una opción y otra era significativa, mientras una preveía alcanzar las 30.000 toneladas el segundo año, la francesa llegaba a 6.000 el cuarto, una diferencia que los administradores concursales no contemplaban.
Varias son las circunstancias que me gustaría apuntar a la luz de este caso. La primera es que a mi modo de ver, León pierde una vez más un tren de desarrollo. El cierre de la empresa alemana Kristansand dentro del grupo VTC, dejaba la fabrica de La Robla como único fabricante europeo de piezas gigantes para los molinos eólicos, el 90% iría a la exportación, constituyéndose en proveedor principal de Vestas y a su vez motor de creación de una industria de abastecimiento de pequeñas empresas en toda la provincia, y más allá. Pero además foco de know-how generador de conocimiento a escala mundial en la fundición de grandes piezas.
La segunda tiene que ver con la existencia de leyes y normas que afectan significativamente a las empresas, ya sea para la creación de nuevas, como al mantenimiento de las existentes: en este caso en forma de Ley Concursal. A pesar de que el principal objetivo de esta ley es la supervivencia de la empresa, el 97% de las empresas que entran en concurso acaban cerrando. Algo falla. Algo falla cuando en un proceso concursal chocan tantos intereses particulares y cuando se alarga en un proceso desconocido para casi todo el mundo, largo y engorroso, que resulta incomprensible para los alemanes y desde luego poco ajustado a la situación de los mercados en la actualidad que demandan flexibilidad e inmediatez. En este panorama el resultado esperado más probable es la liquidación de la empresa.
Todo ello me hace pensar en los informes internacionales que critican una y otra vez el exceso de regulación, de falta de transparencia y de un sistema jurídico poco eficaz, a pesar de los continuos intentos de desregularizar.
Es una pena que no hayamos podido conocer antes un proyecto tan interesante, y que salvo CC.OO y los alcaldes de las zonas afectas, hayamos estado todos in albis: la sociedad leonesa debería recapacitar porque en buena medida hemos perdido la capacidad de indignación y nos conformamos o simplemente ignoramos. Y ojo, que si España tiene un porcentaje por debajo de la media europea en industria, apenas el 14%, en León no llegamos al 11%, así que estamos para elegir...
Quizá sólo nos queda cruzar los dedos y esperar que, al menos en este caso, la adjudicación no se difiera en el tiempo tanto como para producir un nuevo desestimiento, en este caso de Safe, y el proyecto presentado se cumpla y constituya una apuesta por la industria y la tecnología. Pero también, al menos por la parte que nos toca como ciudadanos y por los fondos públicos invertidos en este proyecto, exigir a las autoridades pertinentes, y en este país suelen ser muchas, que vigilen y exijan a las partes el cumplimiento de los compromisos, no sea que nos llegue un San Martín en plan liquidador y ponga en valor lo de que las partes valen más que el todo.