Diario de León
Publicado por
Gumersindo Vieira Fernández.
León

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Votar. Este es el mantra. Derecho a votar. Todos los derechos son derechos si están recogidos en la ley, de lo contrario no son derechos (uno tiene derecho a ser español, si su caso está contemplado así en la legislación española). El voto sin ley es una cacicada: sin censo un mismo votante puede votar en cien mesas; sin convocatoria, es una junta de vecinos; sin contenido (sin programa) es un cheque en blanco para el trilero de turno; sin pluralismo es una coronación de la dictadura. No es una votación democrática. Es una votación ficticia: votan en Corea del Norte y se obtienen resultados del 99% favorable para el convocante de la votación; hubo votaciones convocadas por Franco y por Fidel Castro en Cuba, con idéntico resultado. Tras las votaciones democráticas, el perdedor se apea de su poltrona y el ganador asume el mando y el poder. Per si el resultado de la fraudulenta votación fuese contrario a los convocantes de la consulta, ¿dimitirían de sus puestos y dejarían el mando…? ¿a quién, si no hubo contrincantes? Pero el convocante de aquí trabaja con el manual (mano, manual, manipular) de Castro, Franco y Kim Jong-Un.

¡No es la votación la panacea! ¡Que no nos engañen! Cataluña vive convulsa. Los independentistas han encapsulado el malestar producido por la recesión tras el crac de Leman Brothers y lo han puesto en un plato de la balanza. En el otro plato han puesto el ahorro que hubiesen podido haber tenido si los recursos generados en Cataluña hubiesen quedado para los catalanes en lugar de haber viajado a España. Bien digo «hubiesen podido tener» pero que quizá no lo hubiesen logrado nunca, como nos pasa a todos todo los días. Pero a los catalanes se les ha vendido el cielo: ¡No estaríamos pasando ahora la crisis, la recesión! ¡Independicémonos! Ante esta simpleza, no hace falta ser español, catalán, bosnio, o lince financiero para frotarse las manos al ver resuelto su actual problema de penuria. Digo simpleza, porque de inmediato uno piensa: ¿Realmente hubiésemos ahorrado ese dinero o lo hubiésemos despilfarrado, invertido (con el desplome consiguiente que se ha producido tras la crisis ahora no tendríamos nada), o gastado a tenor de lo que la gente hace cuando vive de bonanza? Porque la gente, en la cresta de la bonanza, ha comprado segundas casas, nuevos coches, ha olvidado ahorrar (¿para qué si el dinero fluye y tenerlo parado es tenerlo devaluándose día a día?), ha enviado a sus hijos a estudiar un Erasmus y se ha endeudado hasta las cejas, como la Generalitat y como el Estado Español. En suma: se ha despilfarrado ante la seguridad (que se ha confirmado que no era tal seguridad) de que no se iba a producir tal desplome. Quizá la Generalitat ha practicado también lo que los ciudadanos practicaban: despilfarrar. Gastar dinero a manos llenas en subvencionar emisoras de televisión autonómicas o medios secuaces que lisonjean sus actuaciones, sus gracias, abrieron delegaciones en el extranjero no tanto para promover la economía catalana como para pagar servicios con nombramientos a dedo de hablantes catalanes. Todo ha sido un despropósito. Pero en lugar de asumir que la fiesta ha terminado y que el club se ha cerrado y que tenemos que replegarnos en el ahorro, nos hemos vuelto histéricos echándole la culpa al otro. A España. A la parte de España de cante y pandereta. A la España holgazana. A los parados, jubilados (todos recordarán el ruego del ministro japonés a los jubilados para adelantasen su fallecimiento), enfermos, niños de España porque son unos improductivos que chupan todos los recursos que generamos en Cataluña. Curiosamente en esta crisis nadie le ha urgido a la Iglesia a que asista a los necesitados con su patrimonio muerto. Podíamos haberla tomado con la Iglesia y haber practicado una segunda desamortización.

Mentalmente nos trasladamos al año 2040. Las prospecciones petrolíferas han descubierto petróleo en las costas de Tarragona de una magnitud de los yacimientos del Mar del Norte. Tarragona despierta de su asombro y cae en la cuenta de que el petróleo para ella sola da más que repartido con Barcelona señorial, Gerona montaraz y Lérida huertana. Tarragona argumente en esa fecha como Cataluña en 2014: ¡Nos roban! Luego nos independizamos. ¿Alguien en el resto de Cataluña tendría cuajo para impedírselo? ¡Sólo han pasado 26 años y la memoria está fresca! Esta perspectiva nos aclara que la independencia no es la solución.

Las consecuencias que no pueden esquivar los catalanes y las catalanas si llagase una hipotética independencia son al menos estas:

1. Quien vota sí a la independencia, pone un pie fuera de España y tambien fuera de la Unión Europea.

2. La reciprocidad es irreprochable. Si Cataluña se independiza, nada obliga a España a buscar otras zonas de mercado tanto de exportación como de importación. Como además Cataluña «queda fuera del «espacio europeo», comenzará a sufrir en sus fabricados los aranceles que hoy aplicamos a los productos procedentes del exterior de la Unión Europea. No es castigo: es legislación.

3. Los fabricantes asentados en Cataluña van a sentir el peso de los aranceles en sus productos con lo que dejan de ser competitivos. Comenzarán a trasladarse sus empresas «al espacio europeo».

4. Las mercancías que llegan a España vía el puerto de Barcelona, tendrán que desviarse a otros atraques.

5. La reciprocidad empujará a los consumidores a sustituir productos elaborados en Cataluña por otros similares y a veces más baratos en otros lugares.

6. El reparto de la deuda del Estado español se tiene que repartir entre los dos gajos que quedan tras la independencia. A Cataluña —por población— le corresponde una sexta parte del total.

7. El día después de la independencia, las sedes de los bancos van a buscar el cobijo del Banco Central Europeo.

8. La moneda. Reciprocidad y memoria: Escocia se quedaba sin libra… Cataluña se queda sin euro. ¿Quién afianza esa moneda?

9. La liga española será independiente (reciprocidad) de la catalana.

10. El cava. Algún chulo diría: ¡Pues a brindar con champán! Pero no estamos para coñas. Existen unos cuantos bodegueros manchegos, riojanos, gallegos, castellanos y leoneses que se están frotando las manos pues van a llenar ese nicho que queda vacío con sus elaborados.

11. Nadie es imprescindible. España hoy es una potencia fuerte. Tiene unos aliados fiables. El socorro mutuo con los demás Estados de la Unión, nos garantiza inmunidad frente a avatares como los que pasó Islandia con su moneda. ¿se acuerdan?

12. Cataluña independiente es un verso suelto en el contexto mundial actual. En el futuro… ¡todos muertos!

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