Diario de León
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ALCÁNTARA
León

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N’o basta con pedir perdón, ya que casi siempre sobra. El Partido Popular se podía haber ahorrado sus atritos gestos si hubieran elegido mejor a sus más íntimos colaboradores, pero parece que los escogían en Alcalá Meco, sin duda para ahorrarle trabajo a la Guardia Civil. El compungido presidente, señor Rajoy, y la no menos afligida presidenta de su sucursal madrileña, Esperanza Aguirre, están pidiendo perdón, pero eso es algo que se concede o no se concede y parece que el pueblo está harto de hacer concesiones.

No nos da la gana de perdonarlos. Parece que escogieron a muchos de sus líderes entre los más golfos. Si el seleccionador nacional de fútbol llega a equivocarse tanto, Vicente del Bosque habría presentado la dimisión antes de que acabase la temporada.

Algunos barones, pertenecientes a ambos sexos, y algún ministro superviviente y otros altos cargos, quieren descargar su conciencia, pero no hay perdón. Han tenido un indudable favoritismo por situar a los más sinvergüenzas en los más altos cargos públicos y la operación Púnica les ha delatado. ¿Qué es eso de «compartir la indignación»? Que no nos quiten lo que nos pertenece. El cabreo y el hartazgo es nuestro.

No de los cabrones consentidos que además pagaban la cama. No se puede ignorar que la sublime virtud del perdón es la única que nos permite enmendar el pasado. Un imposible metafísico porque el ayer es irrepetible.

Pide perdón Mariano Rajoy por haber situado a los más acreditados corruptos en los más altos cargos públicos. Petición denegada. No queremos perdonarles a ningunos de los que eligió ni al elector porque el perdón distancia y cada vez es mayor la brecha entre los que lo piden y los que lo otorgan.

Nietzsche, que seguía siendo un genio aunque evidentemente majara, llamó a Cristo «ladrón de energías». ¡Qué fácil es pedir perdón por haber robado y se piensa seguir robando o disfrutando de lo robado una vez cumplida la pena!

Pero la pena es ahora España y los españoles decentes no les perdonan.

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