Diario de León

TRIBUNA

Está claro que no somos lo mismo

Publicado por
de la agrupación local del PSOE DE LEÓN
León

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El continuo goteo de casos de corrupción en los representantes políticos —que por incesante se ha convertido ya en una tortura— ha hecho que, no sin cierta razón, los ciudadanos tengan una sensación de indefensión, que llevada por la generalización conduce a una desafección de los políticos y de los partidos. Es comprensible su actitud y lo único que nos preguntamos muchos representantes públicos es cómo aguanta tanto una sociedad que cada día se levanta descubriendo casos de corrupción, enriquecimiento ilícito, cohecho, uso fraudulento de fondos… de robos, en definitiva.

Esa proliferación vergonzosa y vergonzante de casos de ladrones hace que sea casi imposible defenderse ante una sociedad que no puede separar a los honrados de los corruptos, a los cuatreros de los servidores públicos que acuden cada día a su puesto con el único objetivo de trabajar por su ciudad, por su gente.

Solo la falta de permisividad con cada uno de los casos conocidos, el repudio social hacia los ladrones y sus colaboradores puede limpiar la política de personas que no solo se desacreditan a sí mismos sino que, sin ningún miramiento, ponen en tela de juicio los valores que siempre se han defendido en los partidos a los que pertenecen.

No puedo ni quiero defender ni un solo caso de enriquecimiento, sea del partido que sea, que venga del mal uso de fondos públicos o de un aprovechamiento de un puesto de relevancia para negocios privados que, en algunos casos ni siquiera son ilegales pero que, desde luego, son inmorales. Ni la corrupción, ni el enchufismo, ni el trato de favor, ni el nepotismo ni nada que pueda poner en duda la política y a sus servidores.

La falta de respuesta por parte del Partido Popular —que ha sido el adalid de la corrupción y de los paños calientes sobre los ladrones— ha generado ese empacho social.

La impunidad ha dado lugar a la lógica indignación de una ciudadanía que no tolera ya ni excusas, ni disculpas. Es normal porque no son suficientes. Ni siquiera vale que sean apartados del partido los responsables, es necesario que también salgan de la política quienes lo consintieron, lo sospecharon y no hicieron nada, quienes miraron para otro lado o quienes, como Rajoy, restaron importancia a unos hechos que, como descubrimos cada día, ni eran unos hilillos ni unas cosillas. Eran entramados de empresas e instituciones que actuaron como delincuentes, como mafias, para robar y enriquecerse.

Pero frente a eso hay, estamos, miles de políticos que llegamos a la política porque creíamos en unos valores de trabajo, honradez y servicio. Que buscábamos en estos puestos de representación una vía para cambiar el mundo, nuestro mundo, para hacerlo mejor. Que hemos gestionado miles de euros, millones en algunos casos sin sacar ningún provecho de ello y que no mostramos orgullo por ello, era la tarea que nos encomendaron nuestros votantes y no podíamos hacerlo de otro modo. Teníamos el deseo de otra forma de hacer política, de hacer posible otro proyecto de ciudad y sobre él trabajamos, no sin dificultades, pero siempre con honradez.

Por ello, duele cuando se generaliza. Cuando te sientes inerme ante la acusaciones de falta de honradez sin base. Ante las osadas generalizaciones. Ante el «son todos iguales» que se ha convertido en un soniquete primero entre la sociedad y ahora entre opciones políticas que, por supuesto, buscan un rendimiento electoral a este hartazgo social.

Pongamos ante el juez cada caso que conozcamos, cada indicio, cada sospecha, abramos las puertas de esos bancos donde se ocultan las cuentas que dan fe de ese enriquecimiento, auditemos cada administración en la que haya la más mínima sospecha. Hagamos un verdadero ejercicio de limpieza y que así caiga todo el que tenga que caer. Pero pensemos también en que está claro que no todos somos lo mismo y que miles de personas —pedáneos, concejales, alcaldes, consejeros, diputados o procuradores— no han delinquido, no han robado, no son, no somos corruptos.

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