Diario de León
Luis Urdiales
León

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Asistimos a una comedia que va a terminar con el escenario hecho añicos; con la mansión del jerarca hundida entre los cimientos que la sustentaron, que diseñaron en mármol y ahora aparecen como palafitos entre una ciénaga de desleales. El octavo, no traicionarás. Basta una semana del sainete para comprender que la democracia ésta se había sobrevalorado mucho más que una puesta de sol, la universidad o el trasero de Jeniffer López. En este mundo de dobleces que se desparrama a medida que se suceden los capítulos de la obra teatral a la que asisten impávidos los leoneses, no fueron precisamente los que sostienen el espectáculo con sus impuestos los que revelaron que «el presidente lo va a poner Valladolid»; que así dicho, más que noticia, por sospechado, se aproxima a una maldición bíblica de las que vienen de serie cuando te compras la colección de las siete plagas de Egipto para tratar de orientar a tus hijos en el laberinto de la vida. Gracias a este terremoto, está ya en punto de cocción y a punto de servir en plato la certeza que tantas veces se trató de ocultar entre las bambalinas del sistema y la partitocracia: aquí no se decide ni el tiempo que va a hacer mañana. La dosis de deslealtad es tal que con la representación de titiriteros se ha abierto un boquete de credibilidad que tiene toda la pinta de ser cráter en mayo del 2015, cuando las urnas. A dónde van unos que en medio año han pasado de adular a traicionar la lealtad de quien los puso. La lealtad que hace familia frente a la sangre que no pasa de dejar parientes. En siete meses no van a quedar ni las raspas. Con este panorama por delante y los votos que emitió la voluntad de la gente convertidos en papel de fumar, ya duermen junto a las colinas de León los ejércitos de los césares dispuestos a heredar las ruinas del imperio; es textual, del punto 37 de las resoluciones aprobadas en asamblea de esa marea que se viene, como se viene River en las noches de luna llena del Monumental: Eliminación de instituciones públicas obsoletas y antidemocráticas para dar poder a ayuntamientos; se propone la supresión de algunas autonomías que en su día se configuraron de forma artificial atendiendo a criterios de interés político, como Murcia, La Rioja, Castilla y León (León debería estar sólo) y Madrid. Fin de la cita. Mal se tiene que dar o malo será, que así se habría de definir la marca podemos en León. O creemos, a secas.

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