Diario de León
Publicado por
Pedro Díaz Fernández.
León

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Obtenidos los datos del último censo de lobos en Castilla y León, vemos como por parte de algunos se publica en los medios que se dispara su número y sus daños. Intentan convencernos de que esto puede suponer la ruina de los ganaderos. Si fuera cierto, toda la sociedad perdería un patrimonio medioambiental incalculable. Se debe apoyar a los ganaderos de montaña porque no es solo un modo altruista de ayudar a quienes no pueden competir con las granjas de engorde y la dictadura de los mercados. La actividad ganadera es un pilar fundamental en la gestión del medioambiente. Por dar cifras, en una hectárea de pasto seco se mantienen unas cinco ovejas y, de no haber ganado, su desbroce con tractor costaría unos trescientos euros, siendo necesario su repaso cada cinco años. Con estos datos no es exagerado afirmar que una familia propietaria de mil cabezas de ganado menor aporta gratuitamente a la sociedad el equivalente a 60.000 euros en la prevención de incendios forestales cada cinco años. Es cierto que esto depende de muchos parámetros, como la producción del terreno y si se puede mecanizar o no, pero incluso una estimación más detallada seguiría sorprendiéndonos. Pero si tratamos los beneficios indirectos, podemos afirmar que la actividad ganadera garantiza el mantenimiento de los ecosistemas de más alto valor ecológico y que muchas especies están en regresión en aquellas zonas donde ha desaparecido. Ayudar a nuestros ganaderos de montaña es fomentar la cría de caza menor, como perdices y conejos, mantener las poblaciones de alondras y otras alaúdidas, de mochuelos o abubillas, y quizá la última esperanza para el urogallo.

Quizá por esa razón se grita: ¡qué viene el lobo! Solo con decirlo la sorpresa nos impide pensar en otra cosa. Y es que el lobo es un animal político, capaz de salirse por la tangente mientras la actividad ganadera desaparece de nuestras montañas. Y a cada nuevo «¡qué viene el lobo!», nos olvidamos del fracaso en las políticas de asentamiento de la población rural, del necesario control del fraude en el pago de ayudas ganaderas, de la posible desaparición de subvenciones a los pastos de montaña y a los arbolados… A toda la problemática que pone en riesgo a la ganadería y con ella al futuro de nuestro paisaje y paisanaje.

La prospección sobre el terreno del último censo del lobo supone un hito a nivel europeo. En su realización, los responsables técnicos y políticos no tuvieron otra opción que gestionar los recursos humanos de la Administración, entre ellos más de 800 agentes medioambientales, ya que debido a la crisis no se contaba con miles de euros para privatizar dicho trabajo. Y después de décadas acusando a lo público de inoperativo, se ha realizado una prospección de indicios de presencia del lobo sin precedentes y no viable económicamente por la empresa privada, que cubre el 100% del territorio y cuenta con más de 51000 kilómetros de itinerarios a pie.

En los medios se ha publicado que la población de lobos ha aumentado un 20% y que hay unos 1.600 en Castilla y León. Este será un dato recurrente porque beneficia muchos intereses al mismo tiempo que se contenta a la opinión pública general, sensibilizada con los temas medioambientales. Pero debemos ser muy prudentes con su manejo, porque todo debate sobre el lobo debe ser sosegado. Se deben evitar los mensajes que hagan suponer un descontrol de la especie o que siembra el campo de reses muertas, que además de falsos y alarmistas, pueden promover el furtivismo incluso con medios no selectivos, como los cebos envenenados.

Desde la Asociación Profesional de Agentes Medioambientales de León, consideramos que en la próxima modificación del plan de gestión del lobo en la Comunidad se debe tener en cuenta:

1º no son aceptables las posturas de suma 0, en las que a priori se determina la incompatibilidad de la ganadería extensiva con el lobo.

2º debe evitarse el alarmismo, incluso el de quien postula su inminente desaparición con el fin de imponer su criterio instrumentalizando el malestar ciudadano.

3º los daños no pueden correr exclusivamente a cargo de los ganaderos.

4º el plan de gestión no puede derivar en un plan cinegético; como todo gran predador, el lobo es escaso por naturaleza y su control poblacional debe estar justificado.

5º la estimación del número de lobos no es adecuado para su manejo; cualquier variación en la forma de tratar los indicios de presencia nos daría cifras distintas y, por otro lado, no es posible establecer el número óptimo de lobos en el territorio.

6º el estudio de la variación poblacional presenta problemas; el censo de 2001 y el actual tienen distinta metodología de prospección.

7º para el seguimiento, la valoración de daños, la vigilancia del furtivismo en León… para aplicar el plan de gestión es necesario establecer las patrullas de seguimiento del lobo formadas por agentes medioambientales, igual que en otras provincias.

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