MARINERO DE RÍO
El albañal
Mientras Granados y Marjaliza —los Starsky y Hutch de la corrupción ibérica; audaces, risueños, horteras, caracolillos engominados ondeando al viento— recibían en el superyate de 190.000 leandros a lo más cuco de la política y de la empresa, y se ponían ciegos a gambitas y a champán, y diseñaban rutas para que el dineramen público circulara por todo el mundo en plan Carmen Sandiego, mientras eso sucedía, colegios como uno de León que yo conozco se veían obligados a prescindir de una cuidadora para niños con necesidades especiales en atención a un sistema de ratios encorsetado, misérrimo e injusto. Al tiempo que cientos de hospitales, laboratorios, centros de salud, escuelas, bancos de alimentos, oenegés y pequeñas empresas hacen auténticos malabares en este país para poder cuadrar cuentas a fin de mes y exprimen el euro hasta la gota del último céntimo, otros se dieron —y se siguen dando— la grandísima vida a cuenta de las tetas del Estado, como la culebra nocturna que se acercaba sigilosa a mamar de las vacas en la cuadra.
Cuántos educadores, cuántos médicos y enfermeras podrían haberse contratado con las millonadas atesoradas en las bajeras de los Bárcenas, los Blesas, los Pujoles y demás avifauna, cuánto material didáctico y sanitario podría haberse adquirido, cuántas becas convocado, cuánta pobreza aventado o mitigado. En vez de eso marchaba el capital por los albañales de la alta política, caía en los desagües preparados por el empresariado suntuoso y falsario y desembocaba en los paraísos fiscales con el seco, estéril destino del lujo, la ostentación y la avaricia más disparatada. Asustaría calcular la cantidad total de pasta distraída en España desde su entrada en la Unión Europea, cantidades descomunales malversadas o destinadas a fines no perentorios, múltiples dentelladas que aquí y allá se llevaban lo más ternasco dejando tras de sí un paisaje de ruina, desolación y desconfianza ciudadana. Porque lo más grave del asunto es la cultura picaresca y defraudadora que inauguró este proceder, un ejemplo que caló en amplias capas sociales y que sigue proliferando, una enfermedad que todo lo pudre porque, o se pasaba por el aro de estos amiguetes o de aquellos maletines o, macho, no tenías nada que hacer.
Hay mucho pulgón y hay mucho que fumigar. Digo yo que habrá que empezar algún día.