Diario de León
Publicado por
césar gavela
León

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La moción de censura en el ayuntamiento de Ponferrada de hace ahora algo más de año y medio fue tan legítima como estrafalaria. Prueba de ello es que la ciudad se convirtió en noticia nacional de primera plana en los periódicos, y por varios días. La extrañeza invadía muchos escenarios, la sensación general era de perplejidad y de bochorno.

Samuel Folgueral y sus compañeros de partido fueron traicionados por sus jefes estatales. Convertidos en moneda de cambio de las guerras internas del PSOE, con Rubalcaba y Carmen Chacón como grandes protagonistas enfrentados. A ello se añade la torpe gestión del asunto que una serie de mandos intermedios llevaron a cabo, dejando a la ciudad entristecida y descolocada. Ese clima ha continuado desde entonces, pese a los esfuerzos del inesperado equipo de gobierno en su lucha en pro del olvido.

Es cierto que Samuel Folgueral, Emilio Cubelos y sus gentes se han movido, han trabajado, han podido hacer algunas cosas nuevas y de mérito, máxime cuando no había un céntimo en la caja. Han tenido ideas en ámbitos que antes permanecían abandonados u oscurecidos. Pero el pecado original no podían eludirlo, y gravitaba en toda noticia municipal, en todo rifirrafe de los plenos de la corporación, en tantos otros escenarios de la ciudad. Desde las casas a los bares, desde las calles al campo. En todas partes el estupor era bienvenido. O la incomodidad.

El error de Folgueral fue seguir adelante cuando torpemente descabalgado por la autoridad socialista. Solo vio que podía ser alcalde, tal vez no pensó en lo que sucedería en los comicios siguientes, en los ya casi estamos en puertas. Tal vez creyó, como tantos, incluso yo mismo, que podía volver a encabezar las listas del PSOE ponferradino a la alcaldía, y que su pecado original, por así llamarlo, se difuminaría en el tiempo. Pero ahora vemos todos que no es así; que los nuevos dirigentes socialistas han tenido reflejos y han percibido nítidamente que ahora mismo Folgueral arrastraría demasiadas cargas en su contra para ser candidato. Por mucho que gentes del partido lo quieran. Lo que importa son los votos, y hay pocas dudas en que una candidata nueva es más operativa que un candidato que, además, tendría que ser readmitido, junto con sus regidores. Demasiado alambicado.

Eso sí, debe ser reconocido el estilo del alcalde, dando la cara y excluyéndose del ayuntamiento en las listas de mayo. Con elegancia y sentido democrático. Será entonces la oportunidad de Ángela Marqués, quien tendrá una ventaja adicional: el PSOE no ha estado presente, como tal, formalmente, en esta legislatura diabólica, al margen de la presencia de una concejala. Eso le hace aparecer ahora como doblemente nuevo ante la ciudadanía. Empieza el final de un tiempo perplejo y frío. Se abre una etapa en la que el PSOE saldrá beneficiado. La moción fecundó la remoción.

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